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Por Rafael Beltramino

¿Qué haríamos sin los pechos?

 

 

 

- 10.10.2003

Tenemos que confesar claramente que nuestra vida sería mucho menos divertida sin Abandonob.

Imaginemos por un momento cuan aburrida debió ser la vida de Mr Colin Bolin Calder y de todos los pioneros canallas, que en 1889 nos dieron a Central, hasta 1905, hasta que llegaron los bufones del parque.

Desde entonces han sido nuestra diversión, casi diríamos nuestras mascotas predilectas.

Porque digamoslo, Central nos da alegrías todos los días, pero también sufrimientos; solamente Abandonob, nos divierte todos los días, empeñándose en demostrar cada jornada que no sólo son pechofríos, sino también irremediablemente estúpidos y obtusos.

Sus festejos son burdas falsificaciones e imitaciones sin alma de los festejos canallas, sea cuando inventa un festejo por el aniversario de un gol de Domizzi cuando el propio jugador no recuerda la fecha exacta del gol (tenemos documentado el hecho) (para no hablar de la foto hiriente del ídolo pecho con la bandera de Central), sea cuando elige como su ídolo máximo a un jugador que jugó 5 partidos oficiales en la institución, no hizo ningún gol (perdón salvo en el amistoso al Emelec) y que sólo le dejó a Abandonob de recuerdo una abultada cuenta en el hotel.

Pobre gente. Sueñan con un Aldo Pedro Poy desde hace 32 años, sueñan con una palomita y sólo tienen pálidos ecos, frías imágenes reflejadas en los espejos de su nada.

Cada día trae una nueva diversión, hoy por ejemplo, mientras escribo estas lineas, el filólogo colombiano que han contratado para hablar en la cancha, que es lo único que puede hacer a esta altura de su carrera, intenta explicar que no quiso decir que Abandonob se iba a hacer un picnic con Central.

Pobre gente, falta que bauticen como “Pibe Valderrama” a una tribuna; total hizo tantos goles oficiales como Maradona, para Abandonob y porque no “Bassedas” que no se puso mucho la camiseta, pero que le dio grandes satisfacciones al cuerpo técnico pecho, según los rumores.

Gracias a Dios existe Abandonob. Larga vida a nuestros hijos bobos.


Rafael Beltramino