¿Qué te pareció?
NOTAS ANTERIORES
Crónica de un domingo distinto
Justificando lo injustificable
El peligro del autismo de
Manual de yuda para Pechofríos
Una propuesta a favor de la...
La Aurora de un día inolvidable
La situación de las Inferiores
Carta abierta a los votantes...
La última jugarreta oficialista
Boerio y los travestis políticos
Los costos de los desaguisados
Adiós canalla a Lorenzo Miguel
El costo de los trucos de magia
Hasta siempre, Flaco. Bienve...
Por Rafael Beltramino
Un escándalo que se avecina
- 15.10.2004
La nota que publicamos ayer acerca de la diversa interpretación del estudio de abogados Baravalle-Granados acerca de la misma cuestión jurídica en el caso del concurso pechofrío y el concurso canalla, debe abrirnos especialmente los ojos a todos los canallas.
Cada uno de los canallas debe estar atento y vigilante para impedir que los manejos leguleyos se impongan sobre la Justicia que exige tratar igualmente a los iguales.
Por eso canalla, infórmese, esté atento, porque las cosas pueden venir difíciles.
Y especialmente este mensaje a los diferentes actores de este proceso, en los diversos lugares que ocupan: ni se les ocurra jugar con Central, ni se les ocurra tocar a Central.
Uds. probablemente no saben lo que es Central, uds. posiblemente ni reparen lo que tienen entre las manos, para Uds. posiblemente sea un expediente más, un caso más.
Se equivocan de medio a medio.
Central es mucho más que eso.
Cuídense especialmente de lo que hacen, están trabajando con el sentimiento de 600.000 personas, y una parte importante de esas personas los está mirando detenidamente y escrutando cada paso que den.
Y los va a juzgar, va a enjuiciar sus conductas. Uds. abogados, síndicos, y jueces van a ser objeto de un juicio de residencia.
Cuiden por eso sus conductas: sean transparentes, sean justos, sean imparciales, porque si no van a sufrir la condena popular.
Lo denunciado ayer en canalla.com es muy grave, esperemos que no ocurra.
Pero créanme que si ocurre los culpables no van a tener adonde esconderse.
No les va a alcanzar ni la plata ni el tiempo para lavar sus nombres.
Se los prometo.
Rafael Beltramino