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Por Rafael Beltramino
Desde lejos se ve mejor
- 17.09.2005
Muchas veces hemos criticado a la prensa porteña, creemos que justamente, por eso me parece que es correcto señalar cuando aciertan.
Y es justo entonces reconocerle a Gustavo Grabia lo que publicó ayer en Olé, en la columna francotirador, que se puede ver acá http://www.ole.clarin.com/jsp/v3/pagina.jsp?pagId=1053710
Allí Grabia relata sucintamente lo ocurrido con el Chacho Coudet y ese famosa toma después del cuarto gol de San Lorenzo , cuenta también el escándalo mediático posterior y reflexiona sobre el papel del periodismo, al editar una parte de la realidad y mostrarla.
Pero el final de la columna es memorable y digno de ser reproducido en extenso
“Pero si él no es de la partida, ¿por qué no puede sufrir por su equipo? ¿Acaso no es el amor incondicional a una camiseta lo que más valora el hincha? Loeschbor y Talamonti sufrieron el mismo prejuicio diez días atrás, por haber ido a alentar a Central en el clásico por la Sudamericana. Es rara la condena, justo cuando por una vez, como en el potrero, manda el corazón en vez del billete.”
Claro que es así, estimado Gustavo. Pero la condena no es rara, es que no hay nada peor para los poderosos del fútbol argentino, para los que compran pases, árbitros, periodistas y conciencias que ver un acto de amor genuino que no tiene nada que ver con el billete.
Les hace ver cuan tristes y cuan pobres son a pesar de todo el dinero y de todo el poder, los desnuda en su pasión alquilada y su fervor de plástico marketinero.
Porque el sábado el Chacho y Lavezzi, como antes el Kily y Chelito Delgado y el Oveja y Gaby Loeschbor y tantos otros que rindieron o que rendirán en el futuro su tributo de amor al pueblo canalla mostraron su corazón.
Como alguna vez escribióel gran Rubén Blades, en Plástico “recuerda que el plástico se derrite, si le da de lleno el sol, te ven la cara, te ven la cara, pero nunca el corazón”
El sábado al Chacho se le vió el corazón y Gustavo Grabia lo entendió muy bine y lo reflejó muy bien.
Que sirva como ejemplo frente a tanta crítica rosarina miope y casi ciega.
Rafael Beltramino