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Por Rafael Beltramino

Una experiencia religiosa

 

 

- 17.10.2002

William James, el gran filósofo norteamericano escribió alguna vez “Las variedades de la Experiencia religiosa”, uno de los textos clásicos en el tema de la filosofía de la religión.

El jueves 27 de septiembre tuve una experiencia religiosa; con todas las características del misticismo más elevado, me refiero al éxtasis y a fenómenos paranormales como la levitación y la telequinesia que suelen describirse como los síntomas de un encuentro con la divinidad.

Me acompañaron un grupo de afortunados canallas, que pudimos presenciar como en ocasión del 36 aniversario de la OCAL, los Padres Fundadores, los elegidos, E.F, J.G y la mismísima reencarnación del Venerable Gran Lama de la OCAL volvieron a reunirse los tres en un mismo recinto, después de algún tiempo.

La habitación emanaba una suave aura azul y amarilla a rayas verticales, como decían antes los relatores y la comida transcurrió en un respetuoso silencio de aprobación ante la presencia de los Elegidos.

Por supuesto también estaba entre los asistentes, el Salvador, el que divide las eras ocalistas porque todo lo ocurrido antes del 19 de diciembre de 1971 es A.P.  y lo posterior D.P., el del vuelo inmortal, aquel que con la sola mención de su nombre infunde el temor entre las gentes de gélido torso: Aldo Pedro Poy.

Lo mejor vino a los postres, los mensajes de los Elegidos hicieron emocionar a más de un miembro de la feligresía. No me pidan detalles, no me es permitido revelarlos. 

No hay registros fotográficos ni fílmicos. No hay grabaciones. Charly López y Gonzalo Lazzarini que estaban presentes lo entendieron. Los recuerdos de esa noche deben quedar cincelados en la arcilla de nuestra memoria sin artefactos humanos como intermediarios.

La foto que acompaña este relato fue la única autorizada por el Ministro de Prensa JV para su publicación, luego de una larga rogativa para que sirviera como prueba de la veracidad de nuestros dichos. Para que no nos dijeran fabuladores, para que nosotros mismos no dudáramos acerca de si había sido todo un sueño, como citaba Borges a Coleridge, si uno sueña que va a la luna, y ahí arranca una rosa y cuando se despierta tiene una rosa en la mano, que pasó?. Algo así ocurre con esta foto, prueba de lo imposible y con este relato que quiere poner en palabras, lo inefable.

Sólo puedo decir que todos los afortunados sentimos la tentación de Pedro en la cima del monte, la de decir “Gran Lama, hagamos una carpa para Ud, otra para J.G y otra para E.F. y quedémonos aquí a pasar la noche”.

Pero nuestro camino es otro, nuestro camino es continuar difundiendo la buena noticia; existe Central, existe la alegría y seguir evangelizando a los que todavía no aceptaron en el fondo de sus corazones el evangelio Ocalista.

Cada vez que flaqueemos en nuestras fuerzas, cada vez que nuestro ánimo decaiga, cada vez que nos aceche la tentación de abandonar nuestra tarea, el recuerdo de esa noche de Revelación en la Parrilla Norte, nos permitirá retemplar nuestros pechos, para enfrentar cualquier adversidad, por dura que fuera.