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Por
Rafael Beltramino
De desvastadores y desvastados
- 21.09.2003
La publicación de un informe sobre Central con el título de Central devastado, provocó una verdadera ola de reacciones a las que no fue ajeno, ni siquiera Miguel Ángel Russo.
No me interesa discutir el informe, ya que todavía el grupo de contadores no terminó su revisión, sino algo mucho más primario y que fuera esbozado por Russo y por algún socio de mi conocimiento.
La idea es que dichas informaciones, en medios masivos, le “hacen mal” a Central, porque los “trapitos sucios” deberían lavarse adentro y no masivamente.
No es la primera vez que alguien sostiene semejante idea en mi presencia y siempre he creído que es casi siempre falsa, errónea y súmamente perjudicial.
Concretamente creo que lo conveniente es que el socio de Central tenga la mayor información posible sobre la condición y las operaciones que se realizan en el club, y sobre los problemas que enfrenta, porque sino es así es muy difícil evitar la despreocupación y la falta de compromiso del socio, porque no puede formarse una opinión fundada sobre los asuntos del club.
Por eso está equivocado el Sr. Russo; es verdad que la disciplina que más interesa al socio de Central es el fútbol profesional, pero es verdad también que la situación económica es determinante sobre la misma.
Por ejemplo a fin del campeonato pasado mientras la hinchada cantaba “Si no venden a nadie, salimos campeón, te lo pido por favor” parece que ignoraban que eso debían cantárselo a Scarpello y demás inversores, propietarios de los pases del Cata Díaz, de Luciano Figueroa y de César Delgado.
Imaginemos que los pases de esos tres jugadores hubiesen sido en un 80 % de Central, la situación económica y futbolística hubiera sido bien distinta como creo que el Sr. Russo acordará.
Cosas como estas son las que tiene que saber el socio de Central, porque tiene derecho a saberlo, aunque algunos quieran tapar el cielo con las manos.