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Por Rafael Beltramino
Una reforma Stalinista
(Segunda Parte)
- 23.09.2005
Después de haber analizado el tema de la ampliación de la antigüedad exigida y su evidente intención politiquera, pasemos ahora a los otros dos aspectos fundamentales del proyecto oficialista, que son verdaderamente escandalosos.
La exigencia de avalistas
Cualquier exigencia de avalistas para presentar una lista en una elección es, en principio, una restricción de la libertad de elegir y ser elegido.
Sin embargo, hay circunstancias en las que dichas restricciones son tolerables y aún más, aconsejables, para lograr un ejercicio más adecuado de los derechos, por ejemplo en el ámbito de las elecciones nacionales. Pero esto tiene además de la intención de mantener un cierto orden y no contar con un número exagerado de listas, la motivación fundada en que el Estado contribuye a sufragar los gastos de impresión de boletas electorales y además aporta a los diferentes partidos.
Nada de eso es aplicable en Rosario Central.
Central es una asociación civil, en la que en las últimas elecciones votaron 3.804 personas, exigir un mínimo de 400 avalistas es una restricción exagerada, infundada e injusta del derecho de elegir y ser elegido.
Pero además está la cuestión de cómo se materializan esos avales que, sin dudas una Junta Electoral, perpetuamente manejada por el oficialismo (éste y los que vendrán) probablemente exigirá ratificar frente a escribano público en la sede; cosa fácil de implementar para el aparato oficialista de allegados, favorecidos e invitados a palco oficial y plateas, que ésta y las futuras Comisiones Directivas han armado y armarán durante sus gobiernos.
¿Se olvidan acaso algunos de los hombres que han elaborado y consentido este proyecto que en 2002 se presentaron 2000 firmas a la anterior Comisión Directiva pidiendo una Asamblea Extraordinaria, y el primer argumento del entonces oficialismo fue que era necesario que se ratificaran las firmas ante escribano público en la sede?. Yo no me olvido como tampoco me olvido de los calificativos que entonces le endilgaron a Campagna, Sauán y Mascó. Parece que ahora esos calificativos, los merecen ustedes.
Pero además, ¿es necesario limitar y disminuir el número de listas que se presentan a elecciones en Rosario Central? ¿Es un caos el cuarto oscuro, al estilo ley de lemas?
Son preguntas que también deberían contestar quienes apoyan el proyecto oficialista y quienes lo vayan a votar afirmativamente.
En mi opinión es meramente una burda y casi elemental forma de limitar la competencia electoral que, evidentemente al oficialismo le molesta y le preocupa, tal vez, de manera absolutamente desproporcionada con su tamaño real.
Rafael Beltramino