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Por Rafael Beltramino
Los verdaderos argumentos marketineros canallas
- 25.04.2004
Comparto plenamente el deseo de establecer y fortalecer la marca “Rosario Central” dentro del fútbol argentino; creo que Central puede instalarse perfectamente entre el hastío repetitivo y monótono de bosteros y gallinas.
Pero creo que se ha equivocado totalmente el abordaje de la “campaña” y no lo digo como experto marketinero, que no lo soy, sino como canalla.
Central no necesita ni música ensordecedora, ni chicas pulposas, ni fuegos artificiales para seducir, porque además eso puede tenerlo cualquiera que lo pague. Central tiene cosas únicas que no se compran ni se venden aunque los desubicados que usurpan terrenos municipales en el Parque Independencia, crean que se pueden alquilar o imitar.
¿Qué propongo entonces? que si se quiere difundir a Central y posicionar su marca, se recurra a lo único del sentimiento canalla.
Que antes de cada partido se escuche a Quique Pessoa,
leyendo el poema del Negro Fontanarrosa, “19 de diciembre de
Que se repartan impresas las encíclicas del Gran Lama de la OCAL, las estampitas y billetes del Prócer Inmortal y demás parafernalia ocalista.
Que la única música que se escuche sea “Te aplaude y te saluda jubilosa”,en la versión original, en tiempo de rock, de cumbia o de bolero, pero siempre “esa historia jalonada de coraje, de hazañas sin par, por la gloria eterna de Rosario Central”
Que cante Cacho Corazón, el Mick Jagger canalla y todo grupo canalla que quiera cantar.
Que en cada partido se homenajee a alguna figura de la patria canalla, sea que esté entre nosotros, como el Matador Mario Alberto o el Chango Gramajo o el Flaco Landucci o que ya esté solo en el recuerdo imborrable como el Negro González o el Gitano Juárez o Harry Hayes, para que los más veteranos le digan a los chicos que lo vieron jugar al Flaco Landucci o que lo vieron al Chango humillando a Abandonob en su cancha.
Que cuando se puedan poner pantallas, por ejemplo en el entretiempo y para la tele, se pasen los mejores materiales de Rosario de Central y del interminable archivo de Charly López, desde el inefable perro Bolita, a la evangelización canalla en Cuba o en Bialet Masse, en el monolito dedicado al Prócer.
Y que, por último, en los partidos más importantes, contra Boca o River, cierre el espectáculo el Prócer Inmortal, pisando de nuevo el césped canalla, para escuchar a 40.000 personas cantado, Aldo Poy, Aldo Poy, el papá de Ñuls old boys, como seguramente le enseñarán, los padres a sus hijos y los abuelos a sus nietos.
Eso es Central, eso es irrepetible, eso es el evangelio canalla, la buena noticia que hay que predicar a todos aquellos que viven en las tinieblas gallináceas y bosteras.
Rafael Beltramino