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Por Rafael Beltramino

La insoportable amargura de ser
pecho frío

 

 

 

 

- 23.06.2005

Lo peor de ser simpatizante de Abandonob, es su extravío permanente, el no saber quién se es ni como se es, el tener que vivir hasta el fin de los tiempos a la sombra de Central, sombra omnipresente en la vida de todo amargo usurpador de terrenos municipales.

Los extremos ridículos a los que llegan son cada vez más divertidos y no puedo resistir la tentación de consignar el último de ellos, seguramente desconocido para la inmensa mayoría de la población canalla.

Luego del éxito cinematográfico de Rosarigasinos, una historia entrañable con dos de los mejores actores argentinos como son Ulises Dumont y Federico Luppi, con un sabor auténticamente canalla, como la inolvidable escena en que Tito Luppi, herido, responde a la pregunta de Castor Dumont de si aguanta, “como no voy a aguantar, si soy canalla”, tenía que llegar la torpe imitación pechifresca.

Y llegó, tan pobre, penosa y lamentable como era de esperar.

La película, uno de los más grandes despilfarros de celuloide de la historia del cine, es la opera prima (esperemos que sea una promesa, y no consiga financiación para perpetrar otro bodrio) de una tal Julia Solomonoff, titulado Hermanas

Una historia penosa, con una buena actriz como Valeria Bertucelli, que a menudo parece con ganas de terminar con todo lo más rápido posible, para cobrar y olvidar rápido este bodrio, ningún argumento reconocible y lamentables rubros técnicos, conforman este lamentable despilfarro de recursos cinematográficos.

Pero en un par de ocasiones, un niño abandonado, y escapado a USA luego de la despreciable actitud de su madre,declara ser pechifresco y luego su madre agradece a su familiar en Rosario el envío de una camiseta fresca, que cuando se muestra resulta ser del Barcelona (aparentemente no había forma de evitar el congelamiento del film, si se usaba una camiseta verídica).

Adviértase que nunca pueden alejarse del abandono, que de una manera o de otra siempre reaparece en la miserable existencia del pechofresco.

Realmente, como respuesta folklórica a la canallada de Rosarigasinos, no podía ser más graciosa.

Por eso, advertimos al lector, si quiere reírse un poco (muy poco)puede ver Hermanas, pero recomendamos no hacerlo en el cine; en primer lugar, porque nunca vaa faltar algún pariente de Strogonoff o como se llame, la pechifresca émula de Fellini, que arme un escándalo diciendo que no se trata de una peli cómica (lo que la hace más divertida todavía) y en segundo lugar porque contribuiría a un posible financiamiento de la segunda obra de la directora, lo que sería casi un crimen de lesa humanidad.

 


Rafael Beltramino

rbeltramino@canalla.com