Por
Rafael Beltramino
Detrás está la gente
- 26.01.2002
Por un lado están los dirigentes con su ineptitud, y sus promesas eternamente incumplidas, sus inversores y sus avales, su luz cortada y sus deudas impagables.
Por otro lado están los jugadores, con sus remuneraciones propias de otra realidad, con sus autos lujosos, con sus derechos indiscutibles a cobrar lo que se les debe y con la imposibilidad de hacerlo.
Y detrás de todo eso está la gente como canta Tarrés. La que paga la cuota, hace viajes, compra camisetas, pide autógrafos y alienta, la que hace a sus hijos socios cuando nacen,
la que piensa, sueña y sufre por Central. Me pregunto en qué piensan, con qué sueñan y por qué sufren los dirigentes y los jugadores canallas.
Tal vez sea mejor no saberlo, en algunos casos.
Porque me resisto a pensar que son todos iguales, que no hay algunos jugadores que ayer se acordaron de la gente además de los vales de 500 pesos que no les pagaron a algunos familiares.
Mucha de esa gente gana eso por mes, y no tiene premios ni primas (salvo las hijas de los tíos), es posible, es casi probable en la actual situación argentina, que le deban el aguinaldo o un mes o más de sueldo. Pero siguen pensando, soñando y sufriendo con Central.
Los jugadores recalcan que son profesionales, entonces deberíamos analizar su rendimiento profesional , que no fue últimamente brillante.
Y deberían darse cuenta que si juegan en Central no son meramente profesionales, son los continuadores de la estirpe canalla. Se debería acordar el que se ponga la camiseta 10, que esa la usó antes Aldo Pedro Poy, cuando no había sponsors ni modelos diferentes y el que use la 4, que antes la transpiró el Negro Jorge José González durante 13 años en la primera de Central.
Y que mucha gente pagaría por ponerse esa camiseta en un partido oficial, no hablemos de cobrar por eso.
Por supuesto eso no implica que los jugadores no tengan derecho a cobrar lo que se les debe y que el permanente incumplimiento de los dirigentes no sea inadmisible, pero sólo le pedimos a todos que piensen en Central, es decir que piensen en la gente.
Nadie pide que los jugadores sean mártires ni mucho menos que alcancen la estatura épica del prócer Aldo, como no a todos los cristianos se los llama al grado más heroico de las virtudes cristianas, pero lo mínimo que les exigimos es que reconozcan y tomen conciencia que no juegan en Douglas Haig (con todo el respeto que me merece el Milan de Pergamino).
Juegan en Central.
Y eso es otra cosa, y el que no entienda tendrá que jugar en Douglas Haig.