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Por Rafael Beltramino

Un remedio de sabor amargo

 

 

 

 

 

- 30.11.2003

La convocatoria de acreedores de una institución es siempre la admisión de un fracaso, de una impotencia patrimonial para hacer frente a los compromisos contraídos; como tal debe ser motivo de dolor y de pena y debe dar lugar a una profunda reflexión sobre lo pasado y sobre el futuro.

Estoy convencido que la convocatoria de Central es inevitable, desde hace más de dos años. Lo que se ha hecho desde entonces es meramente “patear para adelante” lo insoslayable, dilatando y demorando una situación que día a día se hacía peor, con el consecuente deterioro patrimonial.

La devaluación y consecuente pesificación le dio a la anterior CD oxígeno como para durar hasta las elecciones, pero los signos de deterioro eran indisimulables hasta en un año electoral como el 2003. El atraso inaudito de los sueldos de los técnicos de inferiores y en general de todos los empleados, la falta de luz y de teléfono en muchas de las instalaciones del club, la ausencia de gas y por lo tanto de agua caliente, eran señales de un panorama inocultable.

He dicho e insisto que un club con el déficit operativo (casi 500.000 pesos mensuales según algunos, mas cercano a los 400.000 según otros) que tiene Central es inmanejable; porque Central no tiene hoy ningún jugador que pueda vender en 2 millones de dólares. Entonces el viejo argumento que el déficit se enjugaba con una transferencia anual, hace muchos años que dejó de ser válido.

Los hinchas y los socios de Central somos en parte culpables por omisión de ese déficit y por lo tanto de esta convocatoria indispensable.

Los hinchas por no hacerse socios; seguramente hay muchas excusas para no serlo, pero el amor se demuestra todos los días, o más precisamente todos los meses, pagando para que exista Central. Imaginen uds. a un padre ostensiblemente afectuoso con sus hijos que se llena de palabras de amor hacia ellos, pero que no contribuye en nada a su sostén, dirían uds. que los quiere?

Y los socios, por nuestra permanente inacción, comodidad y falta de compromiso. La Comisión Directiva anterior, no surgió por generación espontánea ni descendió de un plato volador, fue elegida por la mayoría de los socios canallas y la mayoría permitió o mejor dicho permitimos la gradual desaparición del club.

Y esa es la única lección importante que nos puede enseñar esta convocatoria; si no revertimos la manera de trabajar y de administrar el club, va a volver a ocurrir lo mismo. “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente” como reza el célebre epigrama de Lord Acton, basta de poder absoluto en Central, porque inevitablemente de él se sigue la corrupción.

Pero esa limitación del poder que, creo debe ser la enseñanza fundamental de este fracaso, puede ser incluida en el estatuto, pero sólo tiene sentido cuando está encarnada en la mayoría de los socios, cuando cada uno de los que lee esto demande saber cosas de Central y exija datos y aclaraciones, cuando no les dejemos hacer lo que quieran, a ninguna comisión.

El lunes puede ser un buen comienzo para Central, porque siempre es indispensable admitir una situación para poder cambiarla, pero es el primer paso de un largo camino lleno de dificultades y de decisiones desagradables. El mejor modo de acompañar a Central en esta instancia es para que los que no son socios, asociarse y para los que ya somos socios, no dejarlo solo a Central. Ya vimos como nos fue.

 


Rafael Beltramino