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Por
Ricardo Villanueva
El modelo a imitar
- 02.11.2005
Es común en cualquier ámbito tomar un modelo que nos sirva de ejemplo o de guía para desempeñar cualquier actividad en la vida. Generalmente uno toma como modelo a aquella persona, grupo de personas, instituciones o entidad que alcanzó los resultados que uno anhela, y que además lo hizo recorriendo el camino que uno estima el correcto, tanto del punto de vista práctico como moral.
Algunas veces se lo escuchó a Pablo Scarabino hablar acerca de su colega Raúl Gámez, ponderándolo por las políticas desarrolladas en Velez Sarsfield, que lo llevó a múltiples éxitos deportivos a nivel nacional e internacional y a un crecimiento institucional significativo, que le valen hoy por hoy unos 45.000 socios aproximadamente. Vélez en estos últimos tiempos tuvo alternancia política, ya que Gámez le ganó en su momento las elecciones al presidente Gaudio, a su vez Gámez perdió elecciones y volvió a ganar hace unos años. Esta alternancia política tuvo como dato particular (particular para Argentina, claro está) que los presidentes que sucedían al precedente edificaban sobre lo construido; los aspectos positivos de la gestión anterior se preservaban, modificándose los puntos débiles de la gestión anterior. Lo que sí hicieron cada una de las comisiones directivas que se fueron alternando fue continuar un modelo de institución. Claro está que con matices, pero se generó una columna vertebral sobre la cual luego se operaban modificaciones sin alterar el espíritu sobre el cual existe un acuerdo tácito entre todas las personas que componen la vida política de Vélez. Está claro que este análisis es simplista y seguramente existen impurezas a la descripción que he hecho, pero en líneas generales podemos decir que no es tan inexacta la composición de lugar hecha. El dato relevante es que para generar una continuidad institucional no hizo falta la perpetuidad en el poder, que sólo beneficia a los que se encuentran transitoriamente en el mismo, sino que bastó con una institución fuerte que se vio sumamente enriquecida por la alternancia política. También, esto ocurrió porque el mecanismo institucional de Vélez permitió la alternancia política.
Mucho se ha dicho y hablado, y especialmente en nuestra ciudad, de Eduardo López. El susodicho arribó al poder en el club que preside como una especie de mecenas salvador, sin exponer ningún plan de trabajo realmente serio, sino solamente le bastó mostrarse como un exitoso empresario que llenó de promesas las cabecitas frescas del parque. Es cierto, López se vio beneficiado por el voto castigo a una pésima administración precedente. La realidad mostró que López desarrolló una gestión muy polémica, de la cual todos conocemos los resultados, que se basó en la concentración del poder a su alrededor, la destrucción sistemática de toda institucionalidad, y con ello a toda oposición que pudiera estorbar sus planes. A López le bastó con el simple ardid de pedir un número irrazonable de avales para en primer lugar bloquear la presentación de las listas opositoras, y luego, cuando estas listas conseguían los avales que se les imponían, buscar cualquier mínima irregularidad de forma para impugnar dichas listas y tener el camino libre por otro período. Sin juzgar si el rumbo institucional que esta persona le marcó a su club, podemos decir que el continuismo de su política se basó simplemente en que las mismas personas (o mejor dicho, la misma persona) manejen el club siempre igual.
En resumen, una institución tiene una línea institucional coherente, integrada por varios actores institucionales, y como resultado obtiene beneficio de la diversidad. En la otra vereda tenemos a López, que logró una concentración de poder tal que maneja a su antojo y capricho otra institución. Los resultados de unos y otros están claramente a la vista.
Pero esta es una página de hinchas de Central, y con toda razón el lector se estará preguntando por qué estoy hablando de otros dos clubes que no nos interesan en lo más mínimo. Y la razón, mi querido lector canalla, es que juntos descubramos cuál es el verdadero modelo que nuestro presidente y sus acólitos quieren para nuestro querido Rosario Central. Lo que muchos votamos fue, entre otras cosas, promesas de participación de las minorías, y transparencia en la gestión, a pesar de que es claro que Scarabino llega al poder con una fuerte dosis de voto castigo capitalizado en su favor. La realidad, hoy, nos indica que nos encontramos con un estatuto cuyo proyecto se mantuvo celosamente guardado hasta el último momento, sin participación en el mismo de los distintos actores políticos en el mismo, y cuyo contenido interpone varias trabas a aquellos que quieran ejercer oposición política en el club. Le recuerdo al lector que el estatuto aprobado el viernes 28/10 exige, hoy por hoy, que unos 400 socios se apersonen en la sede para avalar una lista, que se cuente con diez años de antigüedad hasta para ser un simple vocal suplente (¿será para que algunos jóvenes descocados no lleguen a participar de una CD?) y encima la aprobación de este estatuto se realizó en un marco de intolerancia que retrotraen al vesquismo más recalcitrante. Ese del que nuestro hoy presidente participó por casi 20 años. Está claro que Scarabino considera que la construcción institucional depende mesiánicamente de las dos o tres personas que se sientan a la mesa chica de las decisiones, y no de un debate abierto con la participación de los distintos sectores que hacen a la política de Central.
Finalmente, si bien nuestro presidente en su discurso lo tiene de modelo a Vélez, su accionar hace pensar que el verdadero modelo a imitar es el de Eduardo López. Los resultados de uno y otro modelo están a la vista. Será el tiempo juez de esta columna, que espero para bien de Central, esté equivocada.