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Por
Rubén Philipp
Recuperamos la alegría
- 10.10.2004
Por primera vez en muchos años, esperé con ganas el partido de la selección.
No voy a explicar por qué. Todos los que leen esto habitualmente lo entenderán. No quiero malgastar tiempo ni energía.
El equipo no me conformaba demasiado, dado que aparecían nombres, algunos de los cuales, hoy no están a la altura de su bien ganada fama, (Crespo), y otros nunca fueron el mejor en su puesto (Heinze).
Faltaban además algunos que en mi humilde opinión, sí son el mejor en su puesto (Delgado), pero que, si le sumamos que acompaña a Figueroa, nos encontramos con la más formidable dupla goleadora de los últimos diez años de la Argentina.
Independientemente de eso, lo quería ver jugar a Riquelme al lado de los dos Luchos. Y no me defraudaron. Ninguno de los tres.
Heinze tampoco me defraudó. Siempre jugando
al límite. Siempre cerca de la roja. Es lo normal en él. Por
eso en mi equipo, no jugaría.
Yo ni en pedo pongo a un tipo que me deja con diez en cualquier momento.
Y como digo en el título, Argentina recuperó la alegría. La alegría de jugar. De jugar bien al fútbol.
Don Angel, dijo una vez a un periodista, que armar un buen equipo de fútbol no es muy difícil. Hay que poner buenos jugadores.
Por eso, la maravilla de jugada que termina en el primer gol. ¿Vieron que nervioso que se puso Lucho González para meterla, a pesar de que el arquero lo atoraba bien?
Ese gol, vale uno, igual que si hubiese sido de pelota parada, o si el delantero hubiese pateado mordido, y la pelota le pega en el tobillo al cuatro de ellos, descoloca al arquero, pica mal y se mete.
Pero yo quiero que mi equipo meta goles como el primero. Y además, yo quiero que en mi equipo jueguen goleadores como el Lucho Nuestro, que en el segundo gol, como el centro de Saviola le pasa a un metro y medio de la testa, arquea el cuerpo en el aire, estira la gamba y la mete por arriba del arquero.
No es una postura muy elegante. Pero la bocha entró, y todos sabíamos que iba a entrar, porque de allí, Nuestro Lucho no falla.
Digo también que recuperamos la alegría, que no teníamos desde hace diez años, porque vimos cosas como la del tercer gol. Acá quiero detenerme para destacar el amague sublime de Riquelme, que despatarró a Sosa, y abrió el juego a la derecha para que la empalme Zanetti, con el empeine lleno y la clave a rastrón en el segundo palo.
Pregunto: ¿Ustedes creen casualidad que goles de la factura de estos cuatro, no se vean todos juntos en un mismo partido, desde hace por lo menos diez años?
Yo creo que no es casualidad. Yo creo que esto ocurre, porque ahora los jugadores tienen la libertad de inventar, sin tantas divisiones en el terreno, sin tantas obligaciones de marcar, sin tanto centro, centro y centro.
Está bien que el rival era muy débil. Pero a este mismo rival en partidos anteriores no les podíamos ganar, y muchos menos con este baile.
Se podrá decir que me estoy apurando, que es sólo un partido. Puede ser, pero yo creo que marca una tendencia.
Ahora quiero a los brazucas. Y que vengan con todo lo que tienen. Con este equipo, al que le faltan algunos (Mascherano, Tevez, Delgado), tengo fe en que les vamos a pasar por arriba, milonga mediante.
Del episodio que nos ha convertido, a nuestro pesar, en el hazmerreír del mundo deportivo, no voy a hablar.
Es imprescindible que temas como éste, los tratemos en la Asamblea del 29.
Rubén Philipp