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Notas anteriores:

 

Mantener la calma...

Los pelotudos y los papelitos
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De caprichos y convicciones II

De caprichos y convicciones

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La actitud de Miguel A. Russo

El señor Frielsa

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Al señor Equis

A los detractores

El Futuro de Russo y el nuestro

El hartazgo de Buqui

El Señor Timoteo

¿Promedio o descenso directo?

Tenía que estar Vitamina

El sector izquierdo

 

Por Rubén Philipp

Como venía diciendo, con el Sapito es otra cosa

 

 

- 15.02.2005

 

Se terminó sufriendo. Pero como alguien dijo, “esto es Central”.

Como no coincido con algunos comentarios que he leído y escuchado, me gustaría hacer conocer los míos respecto de la gran victoria de ayer ante el durísimo Arsenal de Sarandí.

En primer lugar, se confirma el título de mi anterior nota: con el Sapito es otra cosa. La verdad es que el pibe la rompió ayer. Pertenece a esa selecta clase de jugadores (ya lo he dicho otras veces), que gambetean para adelante. No es miedoso y encara y lo re cagan a patadas y se levanta y la vuelve a pedir. Tiene todas las condiciones para ser un grande.

Y además, le pega bien. Impresionante el zapatazo que se clavaba en el ángulo izquierdo de Limia y que este sacó en forma espectacular.

Esto me hace repetir comentarios que hacíamos ayer en la cancha: los técnicos anteriores, no lo veían en las prácticas a este pibe?

Cuando pienso y recuerdo a jugadores como Ezequiel González, deambulando al trote, sin rumbo fijo por la cancha en los primeros partidos que hizo después de su vuelta, o a Messera o al Mellizo en similares condiciones y comparo esos rendimientos con el de este chiquito (de físico), que parece un buscapié humano lanzado a toda velocidad hacia delante, con la pelota entre los pies, gambeteando y desparramando grandotes a diestra y siniestra, me digo “cómo no lo veían en las prácticas”?

No encuentro una explicación.

Y para encontrarla, tengo que pensar mal.

Porque hace rato que sé que en esto, boludos ya no hay mas. Los que hay, son todos vivos.

A diferencia de la gran mayoría de las opiniones, quiero decir que no me gustó Andrés Díaz ayer, aunque al final, me haya tapado la boca con el golazo que hizo.

Pero antes de eso, perdió muchas pelotas inocentes, por pretender pasar por lugares por los que no se puede pasar. El fútbol es tener la pelota nosotros y que no la tengan ellos. Si nos la quitan, la tienen ellos. Por eso es preferible darla hacia atrás y provocar que el equipo rival se despliegue para salir con un pelotazo alto y profundo o aprovechar los espacios creados para avanzar con pelota al pie.

Empecinarse en gambetear entre tres rivales, le puede salir bien al Maradona de hace 20 años. Pero Maradona futbolista hubo uno solo (hasta que arruinó su vida como tal, prestándose a vestir camisetas heladas).

Otro al que vi medio lento y demasiado confiado a punto de arriesgar mucho, es a Raldes. Después del golpe que motivó su salida, nos hacen el gol, especialmente porque el no estaba.

Otro error es la distracción en el tiro libre del que nace la jugada del gol de ellos.

Es elemental que si faltan dos minutos y les dan a ellos un tiro libre cerca de nuestra área, que alguno de los nuestros se pare frente a la pelota para obligarlos a que pidan distancia y de esa forma matar el factor sorpresa en la ejecución del tiro libre.

Pero bueno, son pibes y aprenderán. Aunque es importante recordar que nos falta una voz de mando en el fondo.

Me dio una gran alegría (además de la del gol), la que parece ser una recuperación del Pirulo, en su pierna izquierda. No sólo metió ese sablazo que lo dejó mirando a Limia (cosa que no es fácil), sino que antes, le pateó una muy fuerte, de izquierda a derecha, que sacó este por encima del travesaño.

Se nota que le pega con mucha más confianza que antes.

Bien Ledesma. Bien Ojeda. Bien Ferrari. Villa muy marcado. Muy bien Allemanno. Rapidísimo.

Impresionante el nivel del Colorado Fassi.

De cualquier manera, con todos los errores y falencias, en mi humildísima opinión apuntadas, si comparamos los dos partidos jugados, hoy estamos mucho mejor que las aves gélidas usurpadoras de espacios públicos municipales.

No voy a hablar al pedo, pero tengo una esperanza.

Un sueño.

No lo voy a decir.


Rubén Philipp