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El sector izquierdo

 

Por Rubén Philipp

¿Qué hay que hacer?

 

 

 

 

- 15.04.2004

Muchachos: qué carajo tenemos que hacer para que la pelota entre?

Tendríamos que ir de rodillas a Luján, rascar la piel de un sapo viudo una noche de luna llena, enterrar una bolsa de sal gruesa detrás de uno de los arcos?.

Qué carajo tendríamos que hacer nosotros, los que sufrimos como madre primeriza en un parto seco, para que la pelota entre?.

Porque ya no se trata de que los delanteros sean malos o estén distraídos. No puede ser que la pelota no entre en el cabezazo final del Cabezón Cámpora. Eso no lo erra ni mi vieja.

Le apuntó al arco, desde un metro, viejo. Y salió al lado del palo.

No puede ser tanta mala leche.

Ah!. Me olvidaba. el gol de ellos es foul del que cabecea, a Ferrari. Le pone el codo sobre el hombro y no lo deja saltar.

Cuando lo ví en la cancha (yo estaba sobre ese arco, en el codo hacia adonde fue a festejar Vitamina su joyita), no entendía cómo el Loncho no había intentado siquiera saltar.

Y fue por eso. Porque el delantero no lo dejò.

Pero creo que a pesar de todo, la taba se está dando vuelta. Y creo que ya no nos vencen todas las dificultades que se nos presentan a diario. A saber:

no está el Petaco. No importa, juegan Talamonti y Raldes.

No está Messera. No importa, juega el Sapito.

Quizá no esté el Pirulo. Jugará Emiliano. Y no sea cosa que les haga un gol a los pechos.

No estará el Rifle, (y contra mi opinión), jugará el Chicho, que anoche no desentonó. Con ese nivel, frente a los pechos, alcanza.

No está Mariano Herrón. No importa, juega el Chileno en una gamba y se luce.

Si el Yerbatero no la puede meter, entrará Gonzalo y ese si que la va a meter.

Tengamos fe canallas. Nos parecemos al Ave Fenix (no al Gato Felix), que resucitó de sus cenizas.

Lo importante es que estamos vivos y jugando la Copa.

Y saben una cosa: algún día la vamos a ganar, y va a ser antes de que la ganen ellos.

Eso es lo que los tiene desvelados a los pechos.

¡Ah!. casi me olvido. Cuando la hinchada de Central canta en el ingreso  del equipo al campo, hay que apagar todo lo que haga ruido. Los parlantes de las Canallitas se tienen que apagar en ese momento.

Lo mismo respecto a cuando el equipo gana un partido como el de anoche, en los diez minutos después de la finalización del mismo.

Esos son dos momentos mágicos.

Ese gusto de gritar hasta quedar loco, a coro con otros 40.000 locos azules y amarillos no quiero que me lo saque nadie. Y no quiero que me marquen lo que tengo que cantar.

Quiero cantar lo que se me da la gana a mí y a los otros 40.000 locos.

Lo voy a decir en castellano básico: déjense de hinchar las pelotas con el sonido de las Canallitas.

No tengo problema que canten y bailen antes del partido, en el entretiempo, cuando quieran.

Pero cuando el equipo entra y cuando el equipo se retira victorioso, que se dejen de joder

El impresionante rugido de la multitud auriazul no debe empañarse con nada extraño. Y mucho menos algo mercantil.

Eso es algo antinatural, algo artificial, propio de clubes que alquilan ídolos.

No es propio de Central ni de nada de lo que representa.


Rubén Philipp