¿Que te pareció?
Notas anteriores:
Los jugadores y los periodistas
Los arqueros y la obra de Dios
De caprichos y convicciones II
Críticas sí, pero bien fundadas
Por
Rubén Philipp
Analicemos el partido lugareño
- 16.04.2004
Empecemos por el arquero. Es público que no me gusta Gaona. Y aunque hay otro, atajará él. Es un riesgo, aunque ante los paraguayos se portó aceptablemente.
De los del fondo, y como dije en otra nota mía antes del partido lugareño anterior, es un riesgo que Papa marque a Mauro Rosales. El cordobés es muy rápido y bastante hábil con la pelota, lanzado en velocidad.
Ya Miguel se dio cuenta de eso y en el partido lugareño anterior (que no contábamos tampoco con Pirulo, porque no estaba en Central), lo puso a Talamonti, si mal no recuerdo, a marcar la punta derecha del rival.
Hoy no podemos ponerlo ahí al Gringo, porque no está el Petaco.
¿Qué hacer?. Yo lo pondría al Colorado Fassi, que ya jugó de 3 y lo hizo aceptablemente. Es un perro de presa y no se rinde nunca.
Para completar el cuadro, por la izquierda del mediocampo,
lo tenemos al Mellizo, que no hace de la marca su mejor perfil, y por esa
zona deambulará, con su tranco largo, el Colombiano Patiño, que es lo
mejor que tienen los leprosos. No hay que dejarlo patear desde menos de
Otra opción sería ponerlo a Emiliano de tres, pero a Irace a la izquierda y al Mellizo a la derecha, saliendo el Sapito Encina.
Acepto el riesgo de jugar con un solo volante de marca, pero si encima el marcador lateral izquierdo no es bueno para eso, y ellos tienen un wing bueno, podemos terminar llorando.
Con el medio, no tenemos problema y es por dónde se tienen que preocupar los pechos, además de preocuparse por nuestro juego aéreo en el área de ellos.
Y adelante, si le llegan a nuestros delanteros 6 o 7 pelotas bien puestas al área, confío que van a meter uno o dos, porque no se puede seguir errando de la forma que lo están haciendo.
A pesar de los dos últimos triunfos que nos han llevado el ánimo al cielo, no hay que perder de vista que tenemos varios soldados caídos, y que ellos están más enteros.
Pero creo que igual nos alcanza para no perder.
Rubén Philipp