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El sector izquierdo

 

Por Rubén Philipp

Los pelotudos y los papelitos

 

 

- 26.11.2004

El miércoles estaba haciendo zapping, por no tener nada interesante que ver, y agarré a Bosta Juniors, justo que le metían el primero. Me quedé un rato viendo, y cuando Bosta (que era un desastre), mete el empate, el partido se pone lindo, porque se le fueron a las barbas a los brazukas.

Justo en ese momento, un pelotudo de los que nunca faltan, tiró desde una de las tribunas, una bomba de estruendo al lado del arquero brasilero, que como corresponde se tiró como si le hubiese caído una Beluga lanzada desde un Sea Harrier inglés.

Es decir, un pelotudo, logra enfriarle el partido a los brasileros, que era justo lo que los brasileros querían y lo que Bosta, menos necesitaba.

Después, en un alarde de suerte solo comparable a la de los pingüinos de parque, al minuto de reiniciado el partido, Cagna, saca desde 30 metros un  sablazo rasante, que le pica antes al arquero, pega en el palo, le pega en la espalda y se le mete. Dos a uno.

En un partido en el que estaban para el cachetazo, se les da vuelta sin pensarlo. Después el arquero de los brazukas se mete el solo otros dos goles y al final terminan cuatro a dos a favor de los bosteros.

Por otro lado, uno de los espectáculos mas hermosos del mundo es la entrada de Central a la cancha, cuando miles y miles de papelitos y rollos de calculadora, son arrojados al campo, desde la popular local, en medio del infierno de aliento mas impresionante del fútbol mundial.

Ese espectáculo, único y que se repite todos los domingos, vayamos como vayamos en la tabla, (primeros, en el medio, o últimos), corre peligro.

Y digo que corre peligro, porque si se repite el episodio del partido contra Banfield, en que se incendiaron los papeles, porque alguien tiró o dejó caer algunos de los fuegos de artificio, con que se saluda al equipo cuando entra, puede ocurrir fácilmente algún accidente,  o desgracia con algunos de los pibes o los bomberos que intentan apagar el incendio.

Estamos a un milímetro de transformar una fiesta popular, única en el mundo, en un motivo de lamentos y llantos para la familia de alguien.

Por eso, le ruego encarecidamente, a los que leen esto y que el sábado van a ir a la popular, que traten de convencer a los que arrojan fuego sobre los papeles, a que no lo hagan.

Lo mismo respecto de los que tiran los canutos de los rollos al delantero visitante que va a patear un corner, o al arquero cuando van al arco de Regatas.

Lo único que pueden lograr con eso es que perdamos el partido o que nos suspendan la cancha o ambas cosas.

Les digo a los jóvenes, que quizás crean que estoy exagerando, que ya nos pasó eso. El equipo era Huracán, el arquero era la Anguila Gutiérrez y el técnico era Trossero.

Alguien tiró un rollo que no se abrió (no sé si a propósito o sin querer), el filo del rollo le pegó en la frente al arquero, y le hizo un tajo pequeño, pero suficiente como para que se fueran sin jugar y perdiéramos el partido.

Por lo tanto este es un llamamiento a la responsabilidad. No seamos como los de Bosta. Seamos inteligentes.

Y si se repite la situación, entonces le digo a la Comisión Directiva de Central, y a las autoridades policiales, que por favor hagan cachear a la hinchada a la entrada de la cancha y no se les deje entrar ni rollitos ni fuegos artificiales, porque no tenemos responsabilidad para usarlos.

De lo contrario, la responsabilidad de cualquier suceso desgraciado que pudiese sobrevenir, será de los dirigentes y funcionarios que están para prevenir que este tipo de situaciones no se produzcan.


Rubén Philipp