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Por Buqui Vatalaro

Un tal Navarro...

 

 

 

 

 

 

- 07.02.2003

“Hacha Brava” Navarro -imagínate por qué le decían Hacha Brava- fue un recio full back, marcador central para los más jóvenes, de Independiente allá por los sesenta y pico. En cada una de sus intervenciones, en cada “trabada”, provocaba que, en el ánimo del público, se despertaran las más encontradas reacciones.

¡¡¡Bravo!!!... Gritaban los rojos. ¡¡¡Afuera, caballo!!!... vociferábamos, casi desgañitándonos, los no rojos luego de cada intervención suya. Este tipo era... cómo te lo digo,  una especie de Chilavert, de Beto Acosta, lo odias pero lo quieres tener en tu equipo.

Con sobrada actitud de guapo, siempre le hervía la sangre, mostraba sin pudor una cara de malo que lo caracterizó entre sus colegas, empecinado en fruncir constantemente el ceño, apretando diente sobre diente, miraba desafiante a los rivales directamente a los ojos. Parecía un arado en medio de una cristalería. Digo esto porque ese equipo de Independiente estaba conformado por un exquisito plantel de jugadores, sutiles, experimentados y talentosos que ganaron todo.  Hasta nuestro Pato Pastoriza y nuestro Perico Raymondo jugaban en él.

Pero Navarro representaba la confianza de sus propios compañeros y de su hinchada, así se lo veía en la cancha, parecía ser que él era el primer y último recurso. Si Independiente ganaba fácil, se mimetizaba con el resto; pero si había que remontar o se complicaba, aparecía con todo su fuego interior.

Cierta vez, jugando en el Pre Gigante, contra el nuestro, ocurrió un verdadero “accidente” en el juego. Algunos dicen que fue en el sector de Regatas y Cordiviola, otros creemos recordarlo cerca de Génova y el Río, pero eso casi ni importa. Los antiguos canallas -veteranos pero nunca viejos- somos portadores sanos del “virus de la memoria dudosa”, es por ello que nuestros relatos deben estar, en la mayoría de los casos, sujetos a un exhaustivo chequeo.

Te cuento canalla, resulta que Central tenía un wing izquierdo llamado Alejo Medina. Creo que injustamente -hoy, a la distancia, prefiero pensar así- todos los canallas dudábamos sobre su actitud en el juego, es decir su falta de decisión y agresividad a la hora de “poner”. No era lo que se dice un jugador metedor, para nada, pero ello no significa que haya sido un jugador cobarde, claro que no.

En un momento del juego, atacaba Alejo Medina pegado a la raya, como era usual por entonces, con pelota al pie, de pronto la pisa, hace un freno y pretende enganchar en diagonal hacia el área de Independiente. Ocurre entonces lo inevitable, con decisión extrema le sale al cruce, al cierre, nada menos que Hacha Brava.

Se presagiaba lo peor, todas las miradas convergían hacia el inevitable choque entre ambos jugadores. Se preparaban los asistentes, los camilleros, las ambulancias, los paramédicos, hasta en los centros de traumatología de Rosario se aprestaban las salas de cirugía reparadora de piernas atropelladas por trenes, camiones y otros vehículos. El encargado de relaciones públicas de Central ya estaba con el teléfono en la mano para avisarle a la familia de Medina sobre el terrible resultado del encontronazo con Hacha Brava. Todos pensábamos en la recuperación lenta que tendría Medina, nos preguntábamos con mucha congoja: “¿volverá a jugar, volverá a correr, volverá tan siquiera a caminar alguna vez?”. Pobre Medina. Todo el estadio en silencio sepulcral.

¡Crack!... se oyó claramente desde todos los rincones del Pre Gigante. Navarro debió haberse incorporado sacudiéndose algunos pastitos pegados en la ropa y Medina debió salir rodando hacia adelante, despedido por la inercia de su propia carrera, hasta dar con su humanidad contra  el alambrado, con una pierna flameando y gritando de dolor.

Pero nada de eso pasó en realidad, el choque nunca se produjo. Por unos instantes nos quedamos atónitos, confundidos y escépticos; no podíamos creer lo que estábamos viendo.

Dicen que “el miedo no es zonzo”, claro que sí, es verdad, y menos lo fue para Medina en ese trance. Al verlo venir a Navarro, tomó la sabia decisión de saltar el consabido hachazo y, al caer, lo hace pisando fuertemente con los tapones de sus dos botines, la canilla de Navarro. Resultado: doble fractura de tibia y peroné de Hacha Brava. Le pulverizó la pierna al mismísimo Hacha Brava.

Este tipo era un duro de verdad, se quedó sentado sobre el césped, se bajó la media, esperó a los camilleros y, mientras lo sacaban “sentado” sobre la camilla, sí sentado sobre la camilla, iba pelando una de las tantas naranjas que la hinchada canalla le arrojó, a modo de proyectil, mientras lo atendían en el campo.

Sin una mueca de dolor, mantuvo la cara de malo aún en las peores circunstancias, durante todo el trayecto sobre la camilla miró desafiante a la canallada hasta que desapareció tragado por el túnel. A este tipo me hubiese gustado tenerlo en Central.

Ah!, por supuesto...se comió la naranja.

Buqui Vatalaro

(Rosarino, tanguero y de Central)