Por Román Ferraris
Particularidades de dar una vuelta con Central
- 23.05.2003
Que lo tiró que cuando me siento a escribir y empiezo por el título, aunque sepa que se presta para confusión, es mi mayor sentimiento de creador el que me obliga a nunca cambiarlo. No se confunda. No quiero hablarle ni del año 71 ni del año 73. Menos podría agregar, algún tipo de comentario hacía los tres campeonatos de Primera División (Incluída la hazaña de la Conmebol) que obtuvimos con Don Angel. No porque quiera pasar por alto los grandes logros que nos han hecho más grande aún, sino porque quiero hablar de mi y de él. Cuando estamos juntos, cuando disfrutamos los dos algo que nos hace inmaterial a ambos. Cuando simplemente me siento una sola cosa y no puedo distinguir si soy yo o si soy Central. Mis vueltas con Central significan salir a pasear con él.
Es algo así como la diferencia entre lo que es lenguaje y lo que es lengua. La Lengua, según los grandes lingüistas es un contrato social que obtenemos naturalmente por pertenecer y ser parte de una cultura común. Para que se entienda, lenguaje es una capacidad física y fisiológica perteneciente a todos. Lengua es sólo de unos pocos, de aquellos que pertenecen a algo y que tienen algo en común. Pues bien, no quiero ser determinante pero cuando me pidieron en la Universidad que pensara un hecho y ejemplificara con algo dicha diferencia pensé: Central es Lengua y hay 19 equipos más dentro de la cultura Argentina que sólo pueden tener determinado lenguaje. Futbolístico o como sea, la cuestión que dentro de muchas personas que viven intensamente el fútbol en nuestro país, hay una cultura distinta que se llama Central. Hablamos distinto, ejemplificamos de diferente forma y por sobre todo persuadimos con el simple hecho de que generamos envidia a los demás... Demás está decir que no me animé a ejemplificar por miedo a que piensen que fumo cosas raras.
Y el año pasado me fui a dar una vuelta con Central, con mi cultura, con mi lengua canalla. Central y yo nos tomamos un tren con destino a San Miguel de Tucumán para que de ahí en más, juntos, desparramemos algo por el jardín de la república, por Salta y también por Jujuy. Siempre digo que nos fuimos de viaje para hacernos conocer, no para conocer nosotros algo. Después de cinco o seis días y después de haber hecho flamear la camiseta colgada de mi mochila de viaje por lugares como Tafí del Valle, Amaicha, Quilmes, Cafayate, etc.; llegamos a la linda de Salta, que más que linda puedo decir que me parece maravillosa. Después de tomar un remisse por un peso y de haberlo compartido con tres personas que viajaban conmigo (y con Central) hacia el mismo lugar, comencé a buscar hospedaje barato donde me pudiera bañar y dormir un rato para salir a conocer algo al otro día. Conseguí una modesta pensión, pero a esa altura y después de haber caminado durante tres horas se me presentaba más confortable que la casa de Amalita Fortabat. Me quedé allí nomás. La doña, como llamábamos a la dueña del arto modesto hospedaje, me comunicó que había dos chicos de Capital que estaban en la habitación que seguía a la nuestra. Y el primer día los conocí solamente. Al otro día después de ir a clavarme una Norte y una Salta y conocer lo que era la noche salteña regresé a la pensión y cuando entré, en la misma oscuridad vi a uno de éstos chicos fumando un cigarrillo y contemplando lo que no sólo era un cielo estrellado, era un cielón.
De dónde sos vos loco?. Textuales palabras de una persona que presentaba un aspecto de despreocupación por su propia imagen, quisiera decirles hasta una imagen de dejado... pero no. No voy a decir esto ahora, al final se darán cuenta por qué. De Rosario, contesté con ese tono que imponemos cuando decimos algo que es obvio, como si le estuviera diciendo tengo las dos piernas sanas. Claro, para mi él me estaba mirando, ¿de dónde voy a ser?. Y empezamos a charlar. Un cigarrillo, dos, tres. Varios tabacos fumados cuando lo que me interesaba preguntarle desde un principio, salió de mi boca. ¿De qué cuadro sos hincha?, le dije. Mirá, me contesta con un tono de sinceridad, no se bien. He ido a ver a Boca y quiero mucho Argentinos Juniors, pero también me tira mucho Estudiantes. Por este momento yo pensaba agarrar mi celular y llamarlo rápidamente a Victor Sueiro y alertarlo de la presencia de un ser sobrenatural existente sobre la tierra. ¡¿Cómo carajo podía una persona decirme que no sabe de que cuadro es y que encima no se decide entre Estudiantes, Boca y Argentinos Juniors?! Ante lo atónito de mi mirada, me dijo: lo que pasa es que siempre me gustó Boca, pero donde esté laburando mi viejo siempre quiero que gane ese equipo. Por supuesto que no voy a seguir narrando otra cosa que no sea aclarar de que se trataba del hijo de Patricio Hernández, también llamado Patricio y sin parecer estúpido por aclararlo, apodado Pato como su padre.
Y ahí empezamos a hablar los dos a la misma vez. No, no. Pato y yo no. Central y yo. Somos esto, nos identificamos de esta manera, nuestros colores son tal cosa, el Gigante se concibe de esta o tal forma. Mandamientos de un canalla, oraciones de nuestra gran colectividad nómade y otras cosas le relatábamos yo y el viejo de 113 años que llevo dentro. Pato escuchaba y no podía creer como yo le expresaba cada cosa que le contaba. A lo que él solo respondía, que siempre que ve la cancha por televisión le dan ganas de venir a conocer Rosario. Y fueron cuatro o cinco horas, nos terminamos yendo a dormir con el amanecer salteño... Y de ahí en más seguimos nuestra ruta juntos con el indeciso hincha de todavía nada. No quiero exagerar pero cuando en la quebrada de Humahuaca nos despedimos, llegamos a emocionarnos mucho. Y nos prometimos seguir en contacto siempre. Con él nos escribimos mails y de vez en cuando chateamos un rato, pero este no es el final de mi humilde relato.
El 1º de Septiembre del año pasado ganamos en la pingüinera y los dejamos sin nada a los pobres inundados de angustia. Comentario al margen podríamos realizar algo a beneficio del hogarcito de López y así juntar frazadas, estufas, ovejas, Gracielas Alfanos... no sé, algo que los ayude a calentarse. Pero el tema es que después del partido, después del 2 a 0 final, esa noche me metía en internet para bajar comentarios y fotos de la gran fiesta en la cubetera. Recordemos que el partido había sido televisado para todo el país esa tarde. Y en internet me encontré con Pato. Sólo me dejó preguntarle como estaba, a lo que no me respondió: Sólo empezó a decirme... ¡Le rompimos el orto! ¡Qué fiesta que fue lo de esta tarde! ¡No sabés lo que daría por estar ahí festejando! ¡Qué cabezazo metió el lucho!... Yo sólo le intentaba agregar a él mis emociones, pero en vano... Mis emociones eran las mismas que la de él. No entendía como el hijo de Patricio Hernández era de Central si estaba entre Boca, Estudiantes y Argentinos. Aunque después en la cama me puse a pensarlo tranquilo y me di cuenta de que ese partido era sólo para las estadísticas de los Isaac frost niuls old boys... Yo había ganado mi mejor partido tres meses atrás de ese suceso y fue lograr traspasarle a alguien una lengua que lejos de estar en extinción, crece cada día más gracias a las personas que salimos a pasear con nuestro querido Rosario Central...
Román Ferraris
Tito pa` los amigos