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Por Fabio Catena

La escalera amarilla

 

 

 

 

 

 

- 28.03.2003

Cuando en 1977, el Gigante crecía y crecía, de tal forma que el sol del oeste ya no acariciaba a la pileta olímpica del club(la primera de nuestra ciudad), al paisaje de las bandejas superiores se le agregaba el gran AUTOTROL, los cuatro gigantes luminosos que con su resplandor llegaban a entibiar las proximidades del parque de la Independencia, las interminables paredes de tejido y ahí en la intersección de Cordiviola con J.B Justo estaba la escalera para emergencias(amarilla) con grandes caños tubulares que terminaba en la bandeja superior pero en la inferior existía una plataforma ciega que hoy es el ingreso de la prensa a los palcos bajos.

Pasó el 78 con el grito del matador, luego el partido inagural contra el Valencia de España y posteriormente el campeonato local.

Un grupo de chicos estudiantes, provenientes de una clase media , en el que me incluyo, seguíamos a Central a todos lados pero siempre con lo justo del punto de vista económico, y no llegábamos a poder viajar en micro con entrada incluida, entonces tomábamos las alternativas  del tren para alentar al Canalla.

“El Rosarino”, era el nombre del que salía de Rosario Norte a las 7 para Buenos Aires, donde previo a la partida era un candombe con bombos y cantos que despertaba a toda la ciudad. Luego pasaba la “vaquita para el chancho”, como ser hoy un co-seguro de viaje, era un viaje difícil pero uno se sentía protegido por los más antiguos en esta empresa. Es decir cada 15 días era el mismo ritual, jugáramos contra River o como me acuerdo contra Temperley que éramos 30 personas, en un partido al comienzo del campeonato.

Bueno pero durante los partidos de local la historia cambiaba, no éramos más menores y las entradas para todos estaban fuera de nuestro alcance, entonces decidimos tomar prestado al ingenio popular.

Ibamos bien temprano, me acuerdo el primer día, analizamos todas las posibilidades para poder entrar a ver al más grande, y después de muchas vueltas la vimos y ahí estaba la gran escalera de Cordiviola, programada por algunos para una rápida salida de emergencia pero para nosotros una rápida entrada al teatro del fútbol rosarino, el Gigante.

Era todo muy emocionante, como dije antes el ingreso tenía que ser muy temprano, antes de comenzar la tercera, subíamos por el tejido y después sigilosamente  caminábamos por la plataforma ciega hasta luego saltar a la tribuna de Regatas.  Muchos nos veían caer desde arriba sin entender que pasaba.

Era nuestro secreto, era nuestro ingreso, luego otros lo descubrieron y ya no era tan fácil, tuvimos que eludir guardias del estadio y hasta la policía, pero siempre pudimos.

Dos eventos son los más importantes, en esta etapa de la escalera, uno fue el campeonato argentino de básquet, que desde ésta recorríamos toda la tribuna hasta la ventana de un baño para luego a la platea baja del río, frente a estas se encontraba una estructura de madera que representaba a la cancha de básquet sobre el césped. Durante toda la semana, fue un ritual pudiendo ver todos los partidos del torneo.

El  otro, fue la llegada de QUEEN a Rosario, este sí que fue máximo, tuvimos que estudiar el terreno varios días antes, hasta que decidimos ir, como siempre muy temprano, alrededor de las 12 del mediodía, teniendo en cuenta que el espectáculo comenzaría a las 21, me acuerdo que recién estaban armando el escenario y del ingreso rápido pero sigiloso, nos metimos en unos tanques de fibrocemento para el agua que estaban arriba del techo de los baños de la platea baja río, que los habíamos visto con anterioridad. Eramos tres por tanque hasta llevamos cartas para jugar al truco, a las 17 nos mezclamos con la prensa y pudimos ver el espectáculo a 10 metros del escenario. Realmente una experiencia inolvidable.

Hoy mayor, después de veinte años de esto que relato, tengo la posibilidad de ser socio activo con mi cuota al día y mi platea, pero siempre que llego para el ingreso por Cordiviola, miro la escalera me inunda una nostalgia y no puedo creer lo que hacía para ingresar a esta cancha a esa, mí CASA.

Esta como muchas otras cosas son las que uno hace por Central y lo que Central permite que haga a los que lo queremos.


Fabio Catena