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- 01.04.2003

Por Mónica Parés

Gracias a mi hijo

Desde que era muy chica, siempre sentí que mi corazón se volcaba hacia las bandas verticales azules y amarillas; y esto sucedía naturalmente, ya que mi padre no era "futbolero", aunque tenía cierta simpatía hacia Central, y yo era  única hija, así  que en casa no se escuchaban  partidos, ni se hablaba del tema. Cumpliendo 18 años me hice socia del club y comencé a disfrutar de la hermosa playa, convertida hoy en el "Caribe Canalla".

Mi vida fue transformada por esta pasión, que me fue entrando de a poquito desde hace unos años, cuando mi hijo empezó a interesarse por el fútbol, y decididamente y sin ninguna influencia se hizo canalla.

Mi caso fue al revés al de la mayoría, en el que los padres le dieron un "educación canalla". Hoy gracias a mi hijo yo concurro a la cancha a ver al Mas Grande, lo aliento desde mi casa cuando no puedo ir, (yo vivo en Capital Federal y mi hijo en Rosario) y me siento más feliz de sólo saber que soy de Central!!!

Este ultimo viernes viaje a Rosario por su cumpleaños, y regresé el domingo a las 8 de la mañana en la empresa El Rosarino. Cuando íbamos por Boulevard Avellaneda y traspasamos Mendoza, uno de los choferes pasa a mi lado con un prolijo "paquete" que tenia los colores mas hermosos... Yo me pregunte de inmediato "¿qué va a hacer con el trapo canalla?". La respuesta me llego de inmediato, pues ¡veo que coloca sobre la ventanilla posterior del micro la bandera en todo su largo! "Si se entera el dueño de la empresa me echa", me dijo después que lo felicite por su acción; y pensé que viajaríamos muy tranquilos pues íbamos "protegidos por el manto canalla".

Así fue, y también nos "custodiaban" cientos de vehículos cargados de hinchas con banderas, gorros, galeras, sombreros, camisetas, pantalones, buzos, camperas, y todo el vestuario correspondiente; y nos saludábamos mutuamente ya que en el mismo micro viajaron otros cuatro hinchas (tres hombres y una mujer) vestidos como para la ocasión!

La emoción que sentí durante esas cuatro horas no se las puedo contar, ya que por cada estación de servicio que pasamos había colas de vehículos canallas de todo tipo, proveyéndose de alimentos para sí y para sus vehículos. ¡¡¡Y llegamos a Retiro con el trapo canalla en la luneta del micro!!!

Mas allá de los resultados todo lo que nos da Central es impagable. Por eso quiero agradecer primero a mi hijo por haberme contagiado de mas pasión, con este virus incurable de locura canalla, y también a todos los hinchas que siguen alentando en las buenas y en las malas mucho mas, los que están en Rosario, y los que no, pero que de alguna manera nuestro corazón siempre esta presente.

VAMOS CANALLAS TODAVIA!!!

"La única pelea que se pierde es la que se abandona.


Mónica Parés
DNI 10.187.033