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La tribuna Canalla
No pudo terminar de otro modo
- 01.09.2005
Claro que no. La historia siempre la escribe los grandes. Central no fué la excepción. Ayer nuestro equipo se colocó el traje de protagonista y lo dejó afuera a su eterno rival.
No se podía esperar otro final, cuando sonó el silbato de Elizondo, en el minuto 94 todos los canallas sentimos el mismo temblor en el corazón, porque Central lo necesitaba y no había posibilidad que terminara de otro modo. Nuestros jugadores se habían entrenado para eso, para que todas las cámaras de televisión de América supieran quien era el patrón de la estancia.
Porque Central mostró futbolísticamente mayor madurez táctica a la hora más caliente del encuentro, quizás no hubo figuras descollantes, pero el equipo se compactó de una manera tal que el equipo contrario no lo pudo vulnerar tan ampliamente, solamente en dos jugadas del primer tiempo. Y en el minuto 45, la pelota parte en el frío de la noche ejecutada por Paulo Ferrari, la peina Marcos Ruben, y un zurdazo de Pirulo por detrás de la defensa contraria, quiebra el clásico en dos. Único e irrepetible. Locura y pasión. Sentimiento y alegría. Pasaje a Brasil, y a la esperanza de los octavos de final en la Sudamericana. Ya en el segundo tiempo, Central se fué recomponiendo y consolidando en todas sus líneas, pero el equipo rival se fué desesperando, y tuvimos dos jugadas infortunadas cerca de un final para el infarto. Luego se armó la fiesta canalla. Todo era azul y amarillo. Las gargantas no paraban de gritar, las banderas de flamear. Los ex canallas llorando y saltando con el plantel. Todos los medios nacionales e internacionales no lo podían creer. La noche hasta parecía agradecer por tanta alegría, por tanta emoción, por tanta locura.
Entonces que podemos decir de lo que se vivió en el día de ayer en el Gigante. Nada. Todo ya se ha dicho. Solamente decir: gracias Central, muchas gracias.