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La Tribuna Canalla en Internet
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- 26.03.2003
Por Marcos Rosenberg
Desorganización
A la Comunidad CANALLA: pasada ya la primera euforia de haber visto en el Gigante la fiesta canalla con que agasajamos a nuestros hijos y sus fríos pechos, caben algunas reflexiones que espero sirvan para mejorar el trato que da el club a sus hinchas y seguidores.
Cuando con mi hijo nos enteramos que la venta de entradas comenzaba el miércoles a partir de las 9, partimos desde Buenos Aires a las 6 de la mañana desandando la ruta hacia Rosario con la idea de hacernos de un par de entradas para ver el clásico. Arribamos a la sede de Central en Cruce Alberdi a las 9:10. donde ya la cola era de una cuadra y media en columnas de cuatro personas. Luego de 4 horas de espera obtuvimos nuestro preciado tesoro, dos populares, que nos costaron empujones, apretujamientos varios, ya que las cuatro columnas se convertían en una sola fila a menos de un metro de los portones de entrada.
Esto sin contar que mientras nos comíamos esta amansadora bajo el sol Rosarino, vimos como infinidad de autos se detenían el la puerta de la sede cruzaban palabras con algunos "allegados" y partían minutos después con sus entradas.
La pregunta es ¿a qué semialfabeto se le ocurrió vender las entradas en ese lugar sin prever la afluencia masiva de público? ¿ Que orate olvidó distribuir un vallado que ordenara las filas y no hiciera trabajar a destajo al único policía que custodiaba la puerta de ingreso?
Quizás los encargados de la comercialización de entradas al estadio no lo sepan pero el Gigante de Arroyito, nuestro estadio, donde se jugó un mundial, cuenta con decenas de ventanillas que casualmente tienen como objetivo la venta de tickets, boletos y/o entradas para eventos deportivos.
En la sede de la calle Mitre preguntamos si podíamos adquirir localidades a través de venta telefónica o por medio de Internet y nos informaron que esto no era posible.
Previendo que el ingreso al estadio seria algo complicado decidimos con mi hijo arribar al Gigante con la debida anticipación. Es así que el sábado a las 12:30 nos comíamos un chori en las inmediaciones del estadio, más precisamente en los portones de ingreso a la popular local. En ese horario sólo se veían algunos policías pero de control nada. Para que tengan una idea de lo que estoy hablando no fui al estadio la noche anterior al partido sino 2 horas antes del comienzo de la tercera. En ese momento habría unos cien hinchas en nuestra misma condición con lo que si los accesos al estadio hubieran estado habilitados el cacheo y el ingreso habrían sido expeditos.
Pero no, un cana nos informo que debíamos retirarnos a cien metros del estadio donde de ubicarían los controles policiales. Cuando se habilitó el ingreso al estadio cerca de las 13:45 ya no éramos cien los hinchas que esperábamos sino cerca de 2.000 que pugnaban por entrar con lo cual fue necesario que interviniera la policía montada para contener a la masa.
Les aclaro que tengo 46 años y no me asustan la aglomeraciones,
sí me pone de muy mal humor ser arriado como ganado porque los infradotados
que pergeñaron el operativo de seguridad no tuvieron en cuenta habilitar el
ingreso al Gigante con la debida anticipación.
Me molesta que la ineptitud o peor aún la inoperancia de cuatro burócratas
de escritorio jueguen con mi pasión.
Me alegra saber que los malos dirigentes pasan, las malas administraciones pasan, pero la pasión queda. Central queda a pesar de todos y de todo.
Marcos R. Rosenberg
DNI 12.719.947