![]() El inolvidable Polilla Da Silva inició la fiesta aquel 23 de noviembre de 1997 |
Por Mariano Olmedo
Una "Polilla" uruguaya y canalla
- 28.01.2003
Yo estaba ubicado en la platea de Cordiviola y lo miraba como en cada partido, con gran admiración...
Pocas veces en mi vida sentí eso de un jugador que vistiera la camisera de mis amores...
Flaco, alto sin demasiadas palabras. Con una seriedad y cultura pocas veces vista en un futbolista. Su voz no coincide con su cara, será por eso que poco habla, igualmente es amado por cada canalla que lo vio jugar...
Se dio vuelta y miró a toda la defensa del Deportivo Español que lo contemplaba...
Le pego de derecha, al ángulo, golazo. Lo gritó como loco, lo grite como desaforado... el gol mas hermoso que vi en mi vida...
Rubén Fernando Da Silva, Uruguayo... Aun no puedo dejar de disfrutarlo en mi memoria...
Vistió camisetas importantes de nuestro fútbol ademas de la nuestra, jugo en River y Boca, pero como por arte de magia nos permitió verlo salir campeón siendo canalla...
Recuerdo que por esos días daba clases de informática en la academia Branly, allí en Av. Pellegrini y una de mis alumnas celebres era la hermana del entonces cuestionado y ahora querido Rafa Maceratesi. Nunca voy a olvidarme sus palabras sobre la humildad del polilla. "Anoche fue mi hermano, Ayuso y otros mas a comer pizza a la casa del Poli", "él se siente uno mas del grupo", "en Boca llegaba cada uno con su BMW, se entrenaba y se retiraban a sus casa, acá se siente parte de un grupo, son todos amigos, eso es Central".
Cómo olvidar de las palabras de Don Angel para con él... "Es un jugador fuera de serie, generoso"
Sí, esa es la palabra, generosidad...
Llegó como la estrella, terminó tomando cerveza en el Open Pringles festejando la Commebol 95...
Todos los canallas presentes en el Gigante la noche del 19 de diciembre de 1995 recordaremos su trepada al alambrado. Su carisma y serenidad para batir a Taffarel.
Nunca una palabra de más. Siempre un toque generoso a Cardetti o después al Rafa. Siempre suavidad de juego y los goles más increíbles que se puedan contar...
El penal bien pateado, el tiro libre justo, la inteligencia para jugar al deporte más lindo del mundo...
Mi dolor fue grande cuando los dirigentes decidieron venderlo a México y nunca perdí la esperanza de que regresara. Que volviera a pisar el gigante. Ese es mi sueño.
Aun hoy tengo la esperanza, aunque sus días de futbolista están casi terminados por el inevitable paso del tiempo.
Otro gol a los pechos, eso quiero ver. Que vuele imaginariamente esa polilla hacia el banderín del córner y le grite en la cara el gol al fotógrafo de clarín. Que pise la pelota. Que abra la cancha.
"yo gozo más dando un pase para que hagan un gol, que hacerlo"...
Me pongo a pensar, y es así. Se canso de asistir con jugadas inteligentes a otros delanteros.
Quiero tenerlo presente, porque aunque lo disfrutamos poco tiempo, fue uno de los jugadores que más placer me dio al mirarlo sobre el verde césped del Gigante de Arroyito.
Llegue a pensar que nunca más vería tanta calidad dentro de un campo de juego.
Solo quiero recordarlo y gritarle "¡¡¡Uruguayo... Uruguayo...!!!"
Una vez, antes de vestir nuestra casaca, el club de la banda roja visitaba el Gigante...
Yo me encontraba en la cancha, en el ángulo de regatas con cordiviola, en ese córner...
Esa noche un flaco jugador gallina recién llegado de Montevideo y hermano de otro gran jugador de fútbol, tomaba la pelota y se disponía a tirar el córner. Desde ambos lados comenzaron a insultarlo y hasta llegaron a escupir esa fría camiseta que por las circunstancias de la vida llevaba puesta.
El tomo la pelota la acomodo, y serio como siempre giro su cabeza...
Nos miró a todos a cada uno de los que allí estabamos bancando al canalla por fines de los 80´...
Entonces comprendí su mirada... Sin decir nada nos hablaba...
Dejamos de insultarlo... Él siguió callado... "él era canalla"...
Mariano Olmedo