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Por Lisandro Cristiá

La Peligasícula

 

 

 

- 23.03.2001

Desde el arranque mismo del film se empieza a definir el perfil de mucho "aguante" de los dos personajes excluyentes, Alberto Saravia (Luppi) y Castor (Dumont): durante los 30 años que estuvieron presos se defendieron con uñas y dientes, y lograron mantener su "invicto" carcelario. Además de ladrones, son músicos: Alberto, un hombre con fama de buen cantor en sus tiempos jóvenes. Y Castor toca el bandoneón con pasión.

 

Al salir de prisión encuentran un mundo distinto, y se irán desilusionando con el correr de los días, al darse cuenta que las cosas no son como eran.

 

La película transcurre en Rosario, aunque no se ven lugares turísticos o muy conocidos (salvo la cubetera en terrenos municipales).

 

El plato fuerte son los diálogos entre Luppi y Dumont. En especial cuando hay puteadas (muy bien concebidas) y las escenas habladas en "gaso", que tanto nos hacen acordar al Negro Olmedo.

 

"Rosarigasinos" es una película tanguera. La nostalgia por un mundo que no fue está todo el tiempo, pero la pasión por la vida de los personajes la saca de la añoranza. "En cuatro días vivimos más que en 30 años" dice uno de ellos y esa frase marca su adaptación a la vida actual, donde a los quioscos se los llama "drugstore", donde la pornografía es fácilmente accesible, donde la cana sigue siendo la cana, y donde la amistad ya no se sabe si sigue siendo un valor trascendente.

 

En síntesis, es un muy buen filme, no sólo por los condimentos canallas, sino que está formidablemente actuada por Luppi y Dumont (a la postre premiados con el Ombú por dichas labores) y muy bien realizada por Rodrigo Grande. Desde ahora, un "grande" entre los canallas.