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El Gigante de Arroyito
y el Orgullo de ser Canalla

 

Los Centralistas tenemos muchos motivos para enorgullecernos.

El primero y casi excluyente es el solo hecho de ser Centralistas. Con esto solo basta y sobra. No obstante eso, la rica y centenaria historia de Rosario Central está jalonada de hechos y hazañas que realimentan constantemente el orgullo de ser canallas.

 

La década del 70 es, sin dudas, en ese aspecto, la más rica y nutrida de nuestra historia. Además de la seguidilla de títulos, campeonatos ganados y participación casi permanente en la Copa Libertadores, hay tres hitos Fundamentales que marcan en forma indeleble esa década de oro:

1) El gol de Poy de palomita que nos puso en las puertas de nuestro primer título de Campeón Nacional.

2) La incorporación de Mario Alberto Kempes, que permitió a la masa centralista disfrutar por casi tres años del mejor jugador del mundo de esos momentos. (Marcó para Rosario Central 97 goles en 30 meses)

3) Y, por último, la culminación del Gigante de Arroyito, uno de los estadios más hermosos del mundo, para mostrar su belleza a todo el universo, vía satélite, y empujar a la Argentina, con los goles de Kempes, a la obtención del primer título de Campeón Mundial.

 

Hoy queremos hacer la historia del Gigante de Arroyito, pues, constantemente, los lepras frustrados nos repiten boludamente que a Central le regalaron el Estadio. Y evidentemente, no es así.

 

La estructura del actual estadio centralista fue construida casi totalmente (el 85%) exclusivamente por Rosario Central. Y para concluir el 15% restante nuestros dlrigentes pidieron, el 1975, al gobiemo la concesión de un crédito de 500 millones de pesos de entonces, a devolver de acuerdo a los intereses y plazos a acordar, y con garantía de su propio estadio, para completar las bandejas altas de las tribunas populares detrás de los arcos (la actual tribuna alta de la popular que da sobre calle Génova y la actual tribuna alta que da sobre el Club de Regatas), y además adecuarlo a las exigencias de la F.I.F.A. para el mundial de 1978.

 

Las demás tribunas altas y bajas del resto del estadío ya estaban construídas en 1975, y financiada la última etapa por el Banco Monserrat.

 

El E.A M. decidió que a partir de 1976 se haría cargo del estadio centralista y que corría por su exclusiva cuenta final de la remodelación del mismo: campo de juego, torres de iluminación, foso perimetral, vestuarios, sala de prensa etc. además de las tribunas altas que faltaban construir en las cabeceras detrás de los arcos, y el tramo que faltaba finalizar en la platea alta que completó el E.A.M. representan el 15% del estadio. Entonces, a dejarse de joder con esa chicana de los leprosos resentidos de que a Centrol le regalaron ese estadio, de que es de la comunidad, de que lo pagamos todos, etc.

 

Repetimos, el 85% de la estructura del Gigante de Arroyito la hizo por su exclusiva cuenta Rosario Central antes de 1975, y más de 5.000 centralistas pagamos por medio de chequeras al Banco Monserrat el derecho a las nuevas plateas que hasta hoy usufructuamos. Aclaramos que las chequeras fueron adquiridas en 1973, antes de construirse la nueva tribuna. Es por eso que cada uno de los más de 5.000 plateístas de entonces podemos decir: A mi nadie me regaló nada -yo pagué mi lugar en el Gigante por 10 o 15 años, segun el plan de pagos.

 

Esos 5.000 plateístas que hicieron posible la financiación de la tribuna alta que da sobre el río Paraná, así como los dirigentes de entonces que encararon esta monumental obra, merecen el reconocimiento no sólo de la masa centralista, sino de toda la ciudad por haber hecho posible, con su propio esfuerzo, este Gigante que es el orgullo de Rosario. Y ese mismo reconocimiento se debe extender a los dirigentes y plateístas que para 1968 posibilitaron la construcción de la hermosa platea alta techada que da sobre la calle Cordiviola.

 

El esfuerzo y el mérito de toda una generación de centralistas no merece la insidia y los comentarios maliciosos a que nos referimos anterioremente, que son productos de la mediocridad y el resentimiento de quienes pretendan canalizar su frustración opacando el éxito de los demás.

 

Dado en Rosario por el GRAN LAMA en Julio de 1992