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Síntesis
Rosario Central Lanús
1
1
Buljubasich Flores
Díaz Alessandría
Canals Ramón
Loeschbor Alvarez
Erroz Carboni
Quinteros Canizza
Charles Pérez Villalonga
Pablo Sanchez Lagoria
E. Gonzalez Klimowicz
Maceratesi Capria
M. Cáceres Zubeldía
DTs
Edgardo Bauza Miguel A. Russo
Estadio
Gigante de Arroyito
Árbitro
Gabriel Brazenas
Cambios

72' García x Sánchez

45' Burela x Flores

79' Arias x Cáceres

78' Fernández x Capria

89' Vespa x Erroz 81' Roldán x Alessandría
Incidencias

Amonestados: (RC) Quinteros y E. González (L) Alessandría, Ramón, Alvarez, Carboni, Canizza.

Expulsado: Klimowicz (L).

Goles

34' Maceratesi (de chilena)

 

44' Klimowicz (de cabeza)

 

 

Almagro pasó por casa

El empate con Lanús agravó nuestras preocupaciones

 

 

 

21.08.2000 - Carlos y Guillermo Fechenbach

Otra tarde gris en el Gigante.

Gris no solamente por las nubes que amenazaban lluvia, sino gris por el panorama futbolístico canalla después de empatar 1 a 1 con Lanús. Tras del partido, en la calidez del fast-food y antes que se desatara otro chaparrón (veníamos con lluvias desde la tarde del sábado, lo que había dejado en condiciones anormales el terreno de juego) nos pusimos a rebobinar el pasado inmediato de nuestro equipo y las conclusiones son, cuando menos, preocupantes. Porque salvo esos brillantes primeros veinte minutos contra Cerro Porteño, que vistos ahora a la distancia pueden haber sido más el susto de los paraguayos que las virtudes de los nuestros, Central hace muchas semanas que no encuentra una línea de juego definida. La que tenía, por ejemplo, antes de la lesión de Pizzi. O antes aún, cuando todavía Cuberas integraba nuestro equipo hasta su lamentada fractura.

Es que Central nos está presentando reiteradamente, y con distintos jugadores, una confusión futbolística que no encuentra solución. No importa que estén o no estén Marra, Cappelletti, Gerbaudo, Moreno y Fabianesi y el transferido Rivarola, o que jueguen, como lo están haciendo en los últimos partidos, Daniel Díaz, Loeschbor, Erroz, Vitamina y Charles Pérez. La chatura es la misma. O vamos al pelotazo desesperado o nos perdemos en la confusión de piernas que casi todos los rivales nos proponen en mitad de cancha. Sigue faltando el jugador que haga la pausa y los hombres que con la rotación y el desmarque se ubiquen en condiciones de recibir con posibilidades ofensivas. Todo es voluntad y poco más. Cuesta crear jugadas de gol. Y se facilita la tarea de contención que planifican nuestros adversarios de cada fecha.

Esto no pretende ser un juicio de valor a las condiciones individuales de nuestros jugadores, por quienes tenemos el máximo respeto y les otorgamos nuestro más cálido apoyo. Tampoco pretende ser una descalificación para el cuerpo técnico. Lo que sí queremos puntualizar, con lógica preocupación, es que Central se ha convertido en un equipo previsible para los técnicos que nos enfrentan. No hay muchas variantes de uno a otro partido. No hay socios para un juego corto desequilibrante. No tenemos peso ofensivo en las jugadas con pelota detenida y, en cambio, seguimos sufriendo goles en ese tipo de remates en nuestro arco. Hay voluntad, hay sacrificio, pero la línea de buen fútbol se ha perdido y en tanto los contrarios trabajen con orden y concentración, se nos hace muy difícil llegar al gol. Tiempo atrás hacíamos muchos y con eso disimulábamos los que nos hacían a nosotros. Porque el Central de Bauza rara vez terminaba 0 a 0, ó 1 a 0. En todas sus presentaciones había varios goles, a favor y en contra. Y en los buenos tiempos, siempre eran más los goles a favor.

Hablar de este partido con Lanús es superfluo, porque sería repetir, por ejemplo, mucho de lo escrito hace una semana cuando nos empató Almagro también en Arroyito. El gol nuestro, logrado por el Rafa, fue de otro partido. Un remate largo de Charles Pérez fue devuelto a medias por un defensor granate. La pelota venía cayendo llovida dentro del área y Maceratesi, viendo que no podía pararla y darse vuelta porque tenía un adversario muy cerca, optó por hacer la más difícil y le salió de diez. Una espectacular chilena que se coló por el lado derecho del arquero. Un golazo para ponerlo en un marco.

Lanús, si bien se adelantó unos metros, tampoco lastimaba demasiado. Tuvo en el Mago Capria al hombre que, pese su habitual lentitud, trató de generar maniobras que pudieran aprovechar el grandote Klimowicz y el experimentado Vilallonga. No pasó gran cosa, pero el empate llegó cuando se moría el primer tiempo. Fue un calco del gol logrado por Almagro siete días atrás. Como si Russo les hubiese hecho ver el video a sus jugadores. Tiro libre desde la derecha, pasado hacia el borde opuesto del área chica. Varios granates cargaron, superando las marcas de nuestros defensores. El Tati atornillado debajo de los tres palos. El cabezazo limpio del más grandote de los bonaerenses y el empate que no se pudo modificar en todo el segundo tiempo. Porque hubo más voluntad que ideas en los nuestros. Porque hubo disciplina de contención en los visitantes. Porque Central, en definitiva, es un equipo tibio a la hora de generar jugadas de ataque.

En el plano individual tampoco conviene expresar demasiado. El gran espíritu de lucha del Rafa es siempre lo sobresaliente. Y en los demás, muchas ganas, mucha vergüenza deportiva, pero sin encontrar la línea futbolística adecuada. Y tras esta nueva presentación, debemos convenir que, si bien hay que darle tiempo todavía, nos parece que el paraguayo Cáceres nunca llegará a la estatura futbolística de Pizzi. Ojalá nos equivoquemos.

Ahora viene una semana difícil. El miércoles por la tarde en Brasil contra San Pablo por la Mercosur. Y el domingo en el Monumental contra River, que presentará al retornado "Burrito" Ortega. Queremos ser optimistas. Queremos que las cosas cambien para bien. No queremos perder las esperanzas. El Patón y los muchachos tendrán que hablar largo y tendido para poder cambiarle la cara a un equipo que, en estos últimos tiempos, no pasa de la mediocridad.


UN HECHO CURIOSO

 

Ocurrió cuando faltaban dos o tres minutos para el final del partido. Van a pelear una pelota sobre el lateral, frente a los bancos de suplentes, Loeschbor y Klimowicz. Caen los dos y en el suelo el visitante le da un codazo al nuestro. Posiblemente Brazenas no lo haya podido apreciar pues los jugadores le daban las espaldas. Pero el línea Taibi (que nos cobró varias posiciones adelantadas muy resistidas por nuestros jugadores y por el público) estaba a pocos metros y se hizo el distraído. Aquí aparece el hecho curioso. El cuarto árbitro, que también estaba cerquita de la jugada, corrió hacia Taibi, le hizo levantar la bandera para llamar a Brazenas, y del consiguiente informe verbal el jugador de Lanús recibió la tarjeta roja.

Una verdadera mancha negra para Taibi, que es muy popular entre los periodistas televisivos porteños, pero que quedó tristemente evidenciado en esta ocasión. Y lo más grave es que lo puso en evidencia uno de sus propios colegas.