Central perdió 3 a 1 en la Bombonera. A la luz de los noventa
minutos en su totalidad el resultado se puede justificar. Pero analizando
distintos episodios del partido, podemos imaginar un resultado distinto. Pero
Central no tiene suerte, o no sabe pegar en los momentos oportunos.
Porque la primera parte del partido fue toda una sorpresa.
Central se plantó en mitad de cancha con mucha presión y quitándole la pelota
a Boca. Lejos de Tombolini. Cortando el circuito que pueden entablar Riquelme,
Gaitán y Delgado. Tanto fue así que las dos primeras llegadas del partido
fueron canallas. La primera un centro tibio del Torpedo y la segunda un tiro
de Rivarola que devolvió el arquero y el remate de Pizzi que se estrelló en
el poste.
Recién a los quince minutos fue la primera llegada de un
Boca desorientado y con poco fútbol, que obligó a un esfuerzo de Tombolini
para echar la pelota al corner. Y dos minutos más tarde, Walter Gaitán, marcado
"desde lejos" en esta ocasión, maniobró con mucha clase en el borde del área,
dejando en el suelo a varios defensores canallas y sacando un zurdazo muy
preciso que se convirtió en el único gol del primer tiempo.
Central no bajó los brazos. Siguió dominando la zona media
y siguió gestando algunos ataques. Pero sin lastimar. Mayormente centros sin
consecuencias o algún remate desde fuera del área. La jugada distinta fue
una mandada del Torpedo por la izquierda, el remate demasiado cerrado contra
la línea de fondo y la pelota que dio en la parte de afuera de la red.
En el segundo tiempo las cosas cambiaron. Bianchi les debe
haber dado una buena lavada de cabeza a los de Boca, porque salieron a pelear
la mitad de cancha como no lo habían hecho en el primer tiempo. Y se hicieron
de la pelota y comenzaron a acercarse al arco canalla. Tuvieron varias oportunidades
pero el gol lo hizo Central. Fue el único remate al arco que hicieron los
canallas en todo el segundo tiempo, por un tiro libre desde la izquierda servido
por Rivarola y empalmado de una por el Torpedo en el medio del área.
Después fue todo de Boca. Central estaba mal parado en el
medio y la línea de fondo comenzó a dar ventajas. Porque había demasiada distancia
entre los defensores y el arquero. Porque Boca tiene dos lanzadores notables
como Riquelme y Gaitán. Porque los canallas no lograban enhebrar jugadas de
peligro. Porque los nervios desordenaron cada vez más a nuestros pibes. Y
porque los locales aprovecharon con mucha sapiencia los claros que se produjeron
para el contraataque.
Los primeros quince minutos del partido fueron una grata
sorpresa, porque Central dejó de ser mezquino, planteó el partido de igual
a igual y le quitó la pelota a Boca. El gol de Gaitán fue un baldazo de agua
fría, pero así y todo los nuestros no bajaron los brazos. En el segundo tiempo,
Central se desdibujó. Tal vez los pibes se dieron cuenta de su propia impotencia.
Y Boca, con mejor predisposición que en el período inicial, leyó perfectamente
la situación y supo cómo definir el resultado. Fue superior y por eso justificó
la victoria.
La conclusión es que Jota Jota está entrando en la onda.
Prefirió a los pibes en lugar de la veteranía de Vespa y Canals, que por lógica
debería ser importante, pero que no lo ha venido siendo porque los orientales
andan torcidos en este "Apertura". Y el otro veterano que juega, Pizzi, tampoco
las tiene todas consigo. Por ahí está el drama de Central, ya que es una exigencia
demasiado grande esperar que chicos con un puñado de partidos en primera jueguen
en el nivel de profesionales hechos y derechos. Así y todo, hay que ponderar
a Muñoz Mustafá, a Pirulo Rivarola, a los Quinteros, a De Bruno, al Torpedo,
no porque sean perfectos ni cosa por el estilo. Hay que ponderarlos por la
garra que ponen en cada acción. Son frutos inmaduros pero que están al caer.
A medida que acumulen partidos, que se encuentren en la cancha para tocar
y desmarcarse, que reciban y apliquen los consejos de los que saben, podemos
esperar mejor juego colectivo, más profundidad y más goles. No decimos esto
como consuelo por otra derrota. Más bien es una esperanza a la que nos aferramos
y que esperamos se cumpla. No queremos, dentro de algunos meses, estar penando
por los promedios