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Central 0 - Racing 1

Las derrotas siempre duelen, más en el Gigante

 

 

 

- 29.08.2001

 

Tres días atrás poníamos de manifiesto nuestra preocupación por lo hecho frente a Argentinos Juniors. Un atenuante para esa derrota era la condición de visitante. Ahora que debemos comentar otra caída, esta vez ante Racing y en nuestro Gigante, no hay atenuante que valga. La realidad nos dice que nuestro equipo sigue sin encontrar una línea de juego definida, que no tiene presencia en el área rival y que volvió a quedar sin reacción aún después que el rival se puso en ventaja.

 

Quienes siguen nuestros comentarios saben que durante del "Clausura" ya abríamos el paraguas advirtiendo que había que pensar en los tiempos en que Central no tuviera más a Ezequiel y el Rafa, que ya estaban vendidos desde hace meses. Esos tiempos llegaron. Ya no tenemos a esos dos jugadores. Tampoco a Lequi, Marra, Gerbaudo, Loeschbor, Charles Pérez, Iván Moreno, etc. Ni tampoco al Patón.

 

La sangría ha sido numerosa, si bien no todos eran titulares. El cambio de cuerpo técnico significó también una forma distinta de pararse en la cancha, que hasta ahora no nos ha mostrado resultados valederos. Central es un equipo mucho más mezquino, que sigue teniendo los mismos problemas de siempre para generar un fútbol práctico, veloz e incisivo. Hace rato, incluyendo el torneo pasado, que Central se olvidó de jugar al toque, de tener hombres que se junten para intentar la jugada rápida y explosiva, de exhibir una dinámica de desmarque y rotación que pueda provocar errores en la defensa rival. En una palabra: sigue siendo casi una utopía pretender que se juegue de primera, que se intente una pared, que se note confianza en las propias fuerzas para desarrollar un fútbol práctico y profundo. Se abusa más que nunca del traslado lento, del pelotazo y del centro a cualquier parte. Nos causa profundo dolor ver deambular por el frente de ataque a un hombre valioso como Pizzi, que en este partido contra Racing, por ejemplo, tocó la pelota poco y nada. Nos imaginamos cómo se debe sentir Juan, ante su propia impotencia para armar, desde adentro, lo que muchas veces los técnicos no logran explicar desde el borde del campo.

 

De paso sea dicho: verlo gesticular a Jota Jota López los noventa minutos y llamar a distintos jugadores las veces que se interrumpió el juego o hubo un lateral que permitiera un pequeño respiro para darles indicaciones que evidentemente no trajeron resultado positivo, también resultó chocante para el hincha. Una vez que rueda la pelota, se supone que cada jugador sabe lo que debe hacer en materia de juego colectivo. El técnico podrá, en determinado momento, ordenar algún movimiento distinto o corregir alguna posición equivocada. Pero no es posible tener a una persona gritando y moviendo los brazos desesperadamente los noventa minutos. Nos parece que eso provoca distracción y hasta confusión a los jugadores, pues les trasmite un nerviosismo que no contribuye a la debida concentración en los movimientos tácticos que supuestamente se han previsto.

 

Extendernos sobre la derrota contra Racing no tiene mucho sentido. Basta con decir que Campagnuolo prácticamente no fue exigido para desnudar las limitaciones canallas. Todo el primer tiempo fue un largo bostezo. Fueron cuarenta y cinco minutos interminables. Mucha lucha en mitad de cancha, poca claridad para atacar, con dos estilos muy distintos. Pelotazos y centros en Central, juego más corto y de una en Racing. Pero en ambos casos sin éxito, porque las defensas estuvieron bien paradas. Central con línea de cuatro y un Quinteros que abanicó muy bien, evitó sustos para Tombolini.

 

El segundo tiempo fue distinto. Es muy posible que haya sido una táctica de Merlo. Porque a medida que avanzaban los minutos se notó que los volantes de Racing se retrasaban diez o quince metros, provocando el adelantamiento de Central. Era claro que buscaban el contragolpe. La fórmula les dio resultado, en una jugada aislada, en la que nuestros defensores no estuvieron del todo felices y aprovechó Chatruc para pescar la redonda en el borde del área y mandar furibundo cañonazo para lograr el único gol del partido.

 

Iban 20 del segundo tiempo. Se esperaba una reacción que no llegó. Racing redobló esfuerzos para evitar problemas en su área y lo logró. Central, que ya tenía a De Bruno desde comienzos de la etapa y que integró luego a Pierucci para ver si mejoraban las cosas, no encontró alguna brecha que permitiera en anhelado empate. Y persistió en ese juego previsible e improductivo que viene exhibiendo desde hace tiempo.

 

Perdimos uno a cero y no encontramos atenuantes. El árbitro no estuvo brillante, pero tampoco tuvo errores gruesos que incidieran en el resultado. El problema es de Central y solamente de Central. No soñamos con lograr otro campeonato en este "Apertura", pero sí anhelamos que se pueda formar un equipo con pretensiones, que preocupe a los rivales, que imponga un estilo y una línea de juego. Que no esté pendiente de las virtudes o las limitaciones del adversario. Que salga a buscar los triunfos con fundamento ofensivo y sin regalar sus espaldas. Que excite a la hinchada no solamente con voluntad sino también con capacidad colectiva. No es poco, pero con trabajo y fundamentalmente con ideas, se lo puede lograr. Pero que hay que asumir otra mentalidad dentro del campo de juego, no nos cabe la menor duda.