Central
0 - Racing 1
La
sangría ha sido numerosa, si bien no todos eran titulares. El cambio de cuerpo
técnico significó también una forma distinta de pararse en la cancha, que
hasta ahora no nos ha mostrado resultados valederos. Central es un equipo
mucho más mezquino, que sigue teniendo los mismos problemas de siempre para
generar un fútbol práctico, veloz e incisivo. Hace rato, incluyendo el torneo
pasado, que Central se olvidó de jugar al toque, de tener hombres que se junten
para intentar la jugada rápida y explosiva, de exhibir una dinámica de desmarque
y rotación que pueda provocar errores en la defensa rival. En una palabra:
sigue siendo casi una utopía pretender que se juegue de primera, que se intente
una pared, que se note confianza en las propias fuerzas para desarrollar un
fútbol práctico y profundo. Se abusa más que nunca del traslado lento, del
pelotazo y del centro a cualquier parte. Nos causa profundo dolor ver deambular
por el frente de ataque a un hombre valioso como Pizzi, que en este partido
contra Racing, por ejemplo, tocó la pelota poco y nada. Nos imaginamos cómo
se debe sentir Juan, ante su propia impotencia para armar, desde adentro,
lo que muchas veces los técnicos no logran explicar desde el borde del campo.
De
paso sea dicho: verlo gesticular a Jota Jota López los noventa minutos y llamar
a distintos jugadores las veces que se interrumpió el juego o hubo un lateral
que permitiera un pequeño respiro para darles indicaciones que evidentemente
no trajeron resultado positivo, también resultó chocante para el hincha. Una
vez que rueda la pelota, se supone que cada jugador sabe lo que debe hacer
en materia de juego colectivo. El técnico podrá, en determinado momento, ordenar
algún movimiento distinto o corregir alguna posición equivocada. Pero no es
posible tener a una persona gritando y moviendo los brazos desesperadamente
los noventa minutos. Nos parece que eso provoca distracción y hasta confusión
a los jugadores, pues les trasmite un nerviosismo que no contribuye a la debida
concentración en los movimientos tácticos que supuestamente se han previsto.
Extendernos
sobre la derrota contra Racing no tiene mucho sentido. Basta con decir que
Campagnuolo prácticamente no fue exigido para desnudar las limitaciones canallas.
Todo el primer tiempo fue un largo bostezo. Fueron cuarenta y cinco minutos
interminables. Mucha lucha en mitad de cancha, poca claridad para atacar,
con dos estilos muy distintos. Pelotazos y centros en Central, juego más corto
y de una en Racing. Pero en ambos casos sin éxito, porque las defensas estuvieron
bien paradas. Central con línea de cuatro y un Quinteros que abanicó muy bien,
evitó sustos para Tombolini.
El
segundo tiempo fue distinto. Es muy posible que haya sido una táctica de Merlo.
Porque a medida que avanzaban los minutos se notó que los volantes de Racing
se retrasaban diez o quince metros, provocando el adelantamiento de Central.
Era claro que buscaban el contragolpe. La fórmula les dio resultado, en una
jugada aislada, en la que nuestros defensores no estuvieron del todo felices
y aprovechó Chatruc para pescar la redonda en el borde del área y mandar furibundo
cañonazo para lograr el único gol del partido.
Perdimos
uno a cero y no encontramos atenuantes. El árbitro no estuvo brillante, pero
tampoco tuvo errores gruesos que incidieran en el resultado. El problema es
de Central y solamente de Central. No soñamos con lograr otro campeonato en
este "Apertura", pero sí anhelamos que se pueda formar un equipo con pretensiones,
que preocupe a los rivales, que imponga un estilo y una línea de juego. Que
no esté pendiente de las virtudes o las limitaciones del adversario. Que salga
a buscar los triunfos con fundamento ofensivo y sin regalar sus espaldas.
Que excite a la hinchada no solamente con voluntad sino también con capacidad
colectiva. No es poco, pero con trabajo y fundamentalmente con ideas, se lo
puede lograr. Pero que hay que asumir otra mentalidad dentro del campo de
juego, no nos cabe la menor duda.