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Central 1 - Talleres 0

Una gran dosis de alivio

 

 

 

 

- 03.09.2001

 

Le ganamos uno a cero a Talleres. No nos sobró nada. Y como ocurrió en la primera fecha, la angustia duró hasta el final. Pero la tranquilidad del triunfo seguramente permitirá al cuerpo técnico el estudio de un esquema de juego más ambicioso y efectivo, en especial después de lo visto en el segundo tiempo. Admitimos que Talleres viene jugando muy mal este "Apertura", pero también se nos tendrá que conceder que en el fútbol argentino no hay equipos imbatibles hoy por hoy. De modo que la victoria debe ser valorada como tal, sin buscar agravantes ni atenuantes para nadie.

 

Contra Talleres fueron tres partidos en uno. El primer tramo duró todo el primer tiempo. Todo fue chato, soporífero. Dos equipos ultraconservadores, con dos líneas de cuatro bien definidas, con poca claridad para iniciar jugadas de peligro, con un ir y venir alocado de la pelota, inquietando poco y nada a los arqueros.

 

El comienzo del segundo período mostró un juego totalmente distinto. Central mostró cambio de jugadores y de posiciones. Ingresó Arriola, como estaba previsto, y salió Vespa. Esto produjo otros desplazamientos. Diego Erroz, por fin, después de tres partidos y medio, pasó a jugar en el sector donde se siente como pez en el agua: el lateral derecho. Lo hizo como carrilero, aunque llegado el caso también lo puede hacer como marcador. Otra novedad fue el enroque entre Rivarola y Mariano González. Pirulo pasó a volantear y el lungo quedó como marcador de punta. La tercera variante fue posicional. El ingresado Arriola no se integró a la rígida línea de cuatro volantes del primer tiempo, que en consecuencia quedó reducida a tres (Erroz, Daniel Quinteros y Rivarola) y pasó a jugar como media punta, mucho más cerca de Pizzi que de los medios. Entretanto, la línea de cuatro del fondo quedó sin modificaciones posicionales.

 

El nuevo esquema de Central dio resultado. Fundamentalmente porque Arriola se movió con soltura, buscando desmarcarse, alternando las jugadas de habilidad personal (enganches y gambetas), con devoluciones rápidas o pelotas largas a ras de piso para el pique de compañeros. Arriola no es un crack todavía (puede llegar a serlo, puede que no), pero fue un cambio positivo para un equipo que hasta ese momento (y en los partidos anteriores) había mostrado un esquema tan rígido como improductivo. La única duda que nos queda es saber si en los partidos anteriores Vitamina casi nunca se desprendió de la línea de volantes para intentar hacer lo que en esta oportunidad hizo Arriola (que en buena medida sabe y puede nuestro campeón de la Conmebol), por orden del técnico López o porque no se atrevió a hacerlo.

 

Tampoco nos creamos que Central fue una sinfónica en este comienzo del segundo tiempo. Nada de eso. Simplemente mostró más movilidad, abrió más el frente de ataque, tuvo dos carrileros con llegada hasta la línea final y generó un puñadito de jugadas con más profundidad que en la primera parte. Hasta que vino el gol de Pirulo, con la valiosa colaboración de Cuenca, uno más de los muchos arqueros vernáculos que sufren demasiado con los centros desde los laterales.

 

Con Central en ventaja todo fue una fiesta. El público soltó las angustias que venía conteniendo y se dedicó a alentar como en los mejores tiempos. Con la cabeza más fría, Jota Jota decidió no arriesgar más, y sacó al Torpedo para que ingrese Vitamina. Pero ya no tendríamos dos delanteros y medio, o casi tres, como hasta ese momento, porque Vitamina pasó a la línea de volantes, que volvió a ser la estática línea de cuatro de los partidos anteriores y del primer tiempo de este contra Talleres. De nuevo quedaron muy desamparados los dos de arriba (ahora Pizzi y Arriola), que así y todo generaron un par de ocasiones interesantes, a favor de que Talleres se desordenó cada vez más en procura del empate. Esta fue, como se puede deducir fácilmente, la tercera parte de este juego, como comentábamos al principio.

 

Pasada la media hora hubo otro cambio procurar para asegurar el resultado. Un volante de refresco (Marcelo Quinteros) reemplazó a Mariano González, que tuvo una tarde muy poco feliz, en las dos posiciones que ocupó. Con esta modificación otra vez bajó Pirulo a la línea de los defensores, tratando de reforzar el cerrojo intentado por López para evitar el empate de los cordobeses.

 

Así fue, pues. Ganamos uno a cero y el triunfo es inobjetable. La cuestión, ahora, es decidir cómo va a jugar Central en el futuro. Si seremos un equipo conservador, un típico equipo chico, o si podemos arriesgar un poco en lo posicional, para tener llegada al arco contrario. Admitimos que juveniles como Muñoz Mustafá, Cetto, Mariano González, Federico Arias y Arriola tienen muy pocos partidos en primera. Pero son pibes atrevidos, tienen confianza en sus capacidades y han sabido de técnicos menos conservadores en las divisiones inferiores.

 

Lo mismo vale para el público canalla. Ni hablemos de los tiempos de Don Angel, que solía decir que no importaba si nos hacían uno o dos goles por partido, mientras nuestro equipo pudiera hacer dos, tres o cuatro para poder ganar. El Patón, con menos figuras que Don Angel en el plantel, también supo arriesgar bastante, como que se enamoró de la línea de tres en el fondo y así jugó casi siempre, salvo en determinadas ocasiones y contra determinados adversarios.

 

Jugando con este esquema de Jota Jota, Marra y Charles Pérez, por poner ejemplos que podrían incluir a Gerbaudo, Cuberas, etc., seguramente no hubieran recibido tantas críticas o insultos como escuchamos en el primer semestre de este año.

 

Claro que pedirle a Jota Jota que se juegue la vida en un entorno nada fácil como es Central en este momento, puede parecer demasiado pretencioso. Hubo que apelar a un ardid jurídico para presentar un papel en AFA diciendo que los jugadores están como "si hubiesen cobrado junio, julio y el aguinaldo", cosa que en realidad todavía no ocurrió aunque está la promesa de que ocurrirá en esta semana. Pero además hay seis o más meses de deuda a los empleados comunes del club, a los cuerpos técnicos de las divisiones inferiores, a Utedyc, la vergüenza de haber sido desafiliados temporalmente de la Asociación Rosarina de Fútbol, perdiendo los puntos en todas las divisiones por no pagar los derechos de afiliación de poco más de $ 10.000, etc. Hay juicios pendientes que hacen transpirar a los abogados del club. Y los dirigentes no encuentran solución más ingeniosa que liquidar a cualquier precio a los jóvenes más promisorios. Según versiones que nadie quiso confirmar ni desmentir, parece que ya se vendió al 50% de Cetto en algo así como $ 350.000 y que algo parecido va a pasar esta semana con Muñoz Mustafá. Con eso pondrán al día la deuda con los jugadores que se prometió a la AFA. La pregunta es: ¿y el mes que viene qué?

 

Nuestra lucha interior, en el momento de escribir este comentario de un partido de fútbol, es por saber si es más importante el esquema de juego de Jota Jota López o el futuro de nuestro querido club, cuya administración financiera parece haber tocado fondo absoluto. Y si no aparece un blindaje, un megacanje o un déficit cero rápidamente, el "default" puede hacer más ruido que el de Racing. Porque joyas de la abuela (jugadores promisorios para vender) quedan pocos, por lo menos hasta que vayan creciendo los más juveniles de nuestro semillero.