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Síntesis
Rosario Central Boca Jrs.
1
3
Tombolini Abbondancieri
Ferrari Martínez
Talamonti Schiavi
Díaz Burdisso
Rivarola Calvo
Cappelletti Battaglia
D. Quinteros Traverso
Papa Pérez
De Bruno Tévez
Delgado Gmo. B. Schel.
Figueroa Bracamonte
DTs
C. L. Menotti Oscar Tabárez
Estadio
Gigante de Arroyito
Árbitro
Oscar Sequeira
Cambios

58' Sánchez x Cappelletti

 

58' Becerra x Figueroa

77' Pinto x Tévez

77' Erroz x De Bruno  
Incidencias

Amonestados:
(RC): Talamonti y Rivarola

(BJ): Pérez

Expulsado:
(BJ): Burdisso

Goles

79' Rivarola

6' Bracamonte

11' Schiavi

55' Bracamonte

 

 

Rosario Central 1 - Boca 3

De ser posible habría que jugarlo de nuevo

 

 

 

- 28.03.2002

 

Boca nos ganó en el Gigante por 3 a 1. Aprovechó distracciones y falencias canallas, algún error de apreciación de un juez de línea, pero en general, el resultado no puede ser objetado. En once minutos los de Tabares estaban dos goles arriba y eso es lo que determinó el resto del partido. Por eso decimos que si se pudiera jugarlo de nuevo y no se cometieran las torpezas de los primeros minutos, tal vez otro pudo haber sido el desenlace. Pero como evidentemente no es posible dar marcha atrás el reloj, las cosas son como son y una vez más habrá que conformarse con la esperanza de que las malas experiencias se capitalizacen para no repetirlas en el futuro.

 

Iban poco más de cinco minutos y no había pasado gran cosa. Boca intentó llegar tocando hasta que lo vieron al Mellizo solo por la derecha. Inexplicablemente solo. Y decimos inexplicablemente, porque frescos están en la memoria de todos los tres goles del domingo logrados por Boca contra Argentinos Juniors, todos por centros de Barros Schellotto. Y este nuevo gol xeneise repitió la receta. Centro pasado del platense, Tombolini que queda pagando en la salida, y Bracamonte de cabeza, por detrás del segundo palo, convierte con comodidad. Dio la impresión de que el grandote pudo estar algunos centímetros adelantado, cosa que tal vez el línea no pudo apreciar. Pero de cualquier forma, aunque Bracamonte se hubiese quedado un poco más atrás, en posición permitida, igual hubiera podido marcar, porque nadie llegaba para molestar o impedir el cabezazo.

 

Pocos minutos más tarde la segunda pavada defensiva. Vino un pelotazo largo al área canalla, con un hombre de Boca en posición prohibida. Que resultó pasiva, porque el delantero ni se movió, mostrando claramente que no quería intervenir. Un hombre canalla (tal vez Figueroa en posición defensiva, no estamos seguros) devolvió de cabeza y dio continuidad al juego. La pelota cayó para otro cabezazo, sin fuerza, de Schiavi, lejos del arco. Pero hete aquí que la pelota, mansa, picando, suavemente, pasó al lado del Cata y de Tombo, que no atinaron a intervenir. Y así, mansa, picando, suavemente, llegó hasta la red. Un gol para el Guiness del fútbol, si lo hubiera.

 

Nadie entendía nada. Dos goles abajo para un equipo muy juvenil, con varios miles de hinchas de Boca enloquecidos, con la hinchada canalla que alentaba más que antes, era un cuadro de situación inesperado. Los pibes, lejos de bajar los brazos, sintieron en lo más profundo la necesidad de ir por el descuento, peleando en toda la cancha, corriendo con vergüenza deportiva, intentando mantener la pelota en el piso aunque denunciando, una vez más, las dificultades para la explosión ofensiva. Entre otras cosas, porque Boca peleó duramente la mitad de cancha, tratando de anticipar y no dejar hacer.

 

Papa se perdió el descuento al recibir solito en la izquierda un centro de Delgado y patear a las nubes.

 

Iban 18 minutos y seguían pasando cosas. El vértigo se había hecho tan intenso que en una jugada de poca trascendencia, en mitad de cancha, Burdisso vio la tarjeta roja por una falta con los tapones de punta sin advertir que Sequeira estaba a pocos metros de la acción. Boca no alteró su esquema de contención. Traverso pasó a la posición de Burdisso, y los de adelante bajaron alternadamente como para hacer una suerte de enganche para el contragolpe.

 

El primer tiempo tuvo otra gran emoción: Delgado malogró una enorme oportunidad rematando sin puntería tras una jugada de Rivarola.

 

La segunda parte se inició con el mismo modelo. Central, con los dientes apretados, tuvo más la pelota y buscó la forma de acercarse al Pato, aunque chocando contra la buena marca bostera. Se lo perdió Cappelletti recibiendo un rebote de Schiavi y conectarlo como venía pero con la de palo. Así y todo, la pelota salió a centímetros del poste.

 

Había esperanzas de descontar hasta que vino otro baldazo de agua fría. Jugada muy simple. El mellizo, tirado hacia la izquierda, se sacó la marca de encima y de media vuelta mandó un centro pasado. El grandote Bracamonte, esta vez con el pie y ganándole el pique a Rivarola, marcó el tercero y dejó perpleja a la hinchada ya no tan jubilosa.

 

Menotti ordenó el ingreso de Vitamina y Becerra y los cambios mejoraron el ataque canalla. Hubo varias maniobras en el sector izquierdo, con los recién ingresados encontrándose con De Bruno y Papa. Se ganó en profundidad y peligro y Boca desnudó algunas fisuras defensivas ante el buen trato de pelota de los nuestros. Pero anticipos de Abondancieri, la mala puntería de Emiliano Papa y alguna otra contingencia demoraron el llamado “gol del honor”, que Central venía mereciendo largamente. Llegó faltando poco más de diez minutos, cuando Pirulo Rivarola recibió un buen pase cuando se mandaba en diagonal y remató con clase, dejando sin chance al Pato.

 

Central trató de ir por más. Pero Boca, pese a la desventaja numérica, sacó fuerzas de cualquier lado y cerró todos los caminos al gol. Fue 3 a 1, pero no dejó la sensación de un fracaso estrepitoso. El resultado se explica porque Boca, pese a ausencias significativas como Riquelme y Serna, cuenta con hombres de experiencia y capacidad, como el Mellizo, Martínez y Traverso, con jóvenes que ya son figuras como Battaglia y el expulsado Burdisso, y con una -para nosotros- verdadera revelación, que fue Teves, un morochito veloz , habilidoso y guapo, que tuvo a mal traer al mediocampo canalla.

 

Para finalizar, mantenemos la misma idea del pasado domingo, tras la victoria en Mataderos. Algo está cambiando en el equipo. Se trata mejor la pelota, no hay pelotazos inútiles, se procura jugar en forma colectiva. Pero hay demasiado traslado, generalmente hacia los laterales. Es evidente la falta de desmarque y rotación, tal vez porque todavía no se encontró al goleador que lastime. Muchos defectos, creemos, podrán corregirse con correr de los partidos, que lamentablemente van a ser demasiado seguidos en estas próximas fechas, lo que quitará al técnico la posibilidad de trabajar en los entrenamientos. Esto nos preocupa, porque también se deben solucionar problemas defensivos que dejan a los rivales demasiadas veces con posibilidades de convertir.

 

Lo importante es que los muchachos muestran convicción por los fundamentos que quiere inculcarles Menotti y lo demuestran dejando todo en la cancha. Se ganarán partidos como contra Chicago, y se podrán perder como este contra Boca. Pero si se van corrigiendo defectos, si se evitan distracciones como las que hubo, si los pibes siguen apretando los dientes y dejando el alma en cada partido, creemos que los puntos van a venir solos. No para salir campeones. Pero sí para ocupar un lugar decente en la tabla y en los promedios.