WebRing Canalla | | Acerca de este sitio

 

 

Síntesis
Rosario Central Vélez
0
3
Tombolini Sessa
Ferrari Cubero
Talamonti Fuentes
Díaz Dudar
Rivarola Hidalgo
Erroz Falcón
D. Quinteros Bustos
Papa Domínguez
De Bruno Gracián
Arias Centurión
Figueroa Nanni
DTs
C. L. Menotti Edgargo Bauza
Estadio
Gigante de Arroyito
Árbitro
Gabriel Favale
Cambios

45' Sánchez x Quinteros

57' Valdemarín x Nanni

45'García x Papa

62' Somoza x Centurión

64' Delgado x Arias 82' Gutiérrez x Gracián
Incidencias

Amonestados:
(RC): Tombolini, Rivarola y De Bruno

(V): Bustos, Domínguez, Gracián y Sonoza

Goles

 

42' Centurión

61' Gracián

91' Valdemarín

 

 

Rosario Central 0 - Vélez 3

Los plateístas no se equivocaron

 

 

 

 

- 03.04.2002

Faltaban pocos minutos para terminar el partido.  Estábamos 0-2 en el Gigante contra Vélez, que había atacado a fondo tres veces logrando dos tantos. Muchos hinchas canallas ya habían abandonado sus lugares para regresar a sus domicilios.  Los de la platea del lado del río optaron por otra cosa: se acercaron hacia la zona central de la tribuna, rodearon las barandas del palco oficial (no ingresaron porque como de costumbre había una fuerte custodia policial) y se hicieron oír con toda claridad en su queja contra las autoridades del club.  Desde la bandeja superior cayeron algunos objetos menores e incluso una lluvia líquida cuyo origen no podemos certificar.

Lo cierto es que Campagna, sus compañeros de comisión directiva y los eternos besamanos, influyentes y traficantes de futbolistas que garronean la platea de lujo del sector privilegiado del estadio, tuvieron que “poner pies en polvorosa”, como dicen los cuentos de Grimm, y refugiarse en el Salón VIP, porque el clima se había puesto demasiado espeso.

Creo que los plateístas no se equivocaron.  Central recibía su tercera derrota consecutiva. Pese a la conducción de Menotti.  Pese al aliento del público.  Pese a que su rival era un disminuido Vélez, de floja campaña en este “Clausura”, con muchas fechas sin conocer una victoria.

No se equivocaron, porque este nuevo contraste no puede ser achacado a los jugadores, menos todavía a Menotti, nada que ver el arbitraje, sino que tiene como causa fundamental (tal cual lo hemos sostenido frecuentemente en estos comentarios) a la indiscriminada transferencia de jugadores operadas en los últimos tiempos, dejando para el club un plantel con muy pocos profesionales experimentados (la mayor parte de ellos lejos de su mejor momento futbolístico) y un puñado de pibes de las inferiores que están pagando tributo a la presión que baja desde la hinchada y a que posiblemente no se trate de futuros cracks, sino simplemente de “laburantes” del fútbol.

En tren de hacer memoria, de dos años a esta parte se fueron de Central (entre otros), José Buljubasich, Darío Marra, Maximiliano Cuberas, Charles Pérez, Juan Ramón Jara, Gabriel Loeschbor, Matías Lequi, Mauro Cetto, Javier Muñoz Mustafá, Ezequiel González, Cristian Daniele, Diego Latorre, Hugo González, Iván Moreno y Fabianesi, Rafael Maceratesi, Juan Antonio Pizzi, etc. etc.    No todos son estrellas. No todos son fundamentales.  Pero conformaban un plantel que había logrado una línea de juego y un entendimiento que los llevó a participar con rendimiento satisfactorio en las más importantes competencias sudamericanas.  Ahora están todos desparramados, con diversa suerte individual, pero dejando huecos que en Central no se han podido cubrir ni cercanamente.

No vale la pena extenderse demasiado en el comentario de este partido.  Cabe apuntar que mientras esa ruidosa manifestación se producía en torno al Palco Oficial, la visita lograba su tercer tanto y sellaba una goleada que no mereció, pero que supo buscar a fuerza de especulación y orden.

Porque Vélez Sarsfield vino con una idea fija: no descuidarse atrás.  Dejó al grandote Nanni como punta de lanza, a Centurión un poco más atrás, y el resto se dedicó con ahínco y concentración a no dejar hacer a Central.  No le costó mucho lograrlo, porque nuestros pibes no pudieron o no supieron encontrarle la vuelta al partido.  No fabricaron espacios, no pudieron tocar dos pelotas seguidas, no supieron desmarcarse con oportunismo, no supieron rotar para arrastrar marcas y, en definitiva, repitieron errores que hemos señalado muchas veces y que la prédica de César evidentemente no ha logrado desterrar por ahora.

Los del Patón atacaron cuatro veces, lograron tres goles y se llevaron una victoria que fue fruto de la paciencia y la mezquindad.  Esperaron el error canalla y tuvieron el premio que buscaron.  Da bronca perder así, pero si las pocas situaciones que nuestros pibes crearon en ataque fueron desperdiciadas, no se pueden buscar atenuantes.

Papa y Erroz en el primer tiempo, y Javier García en dos oportunidades en la segunda etapa, tuvieron posibilidades concretas de marcar.   Pero no las aprovecharon.  Vélez, en cambio, convirtió en tres oportunidades, claro que teniendo a favor más terreno libre, menos defensores marcando, y sacando partido de la velocidad de sus hombres para el contragolpe.

Porque los dos primeros goles visitantes, que fueron decisivos porque el tercero llegó cuando ya no había posibilidad de dar vuelta el resultado, se produjeron en los momentos en que Central buscaba con gran ahínco, poco orden y muchos hombres en el ataque  --tal vez en esto estuvo el pecado--  vulnerar el arco del Gato Sessa.

Hay críticas individuales para hacer, pero no vale la pena, porque los males del equipo son bien conocidos por la familia centralista.  Todos sabemos que el problema es de fondo, que estas malas rachas no son fáciles de revertir, que el fantasma del promedio complica mucho el trabajo  --sobre todo en lo anímico--  que debe realizar el cuerpo técnico, que la proximidad del clásico compromete aún más las perspectivas, que los problemas financieros de la institución se profundizan, que los violentos siguen merodeando en busca de beneficios personales, y que el pueblo en general está malhumorado por la recesión, la inflación, la desocupación y la injusticia social.

Como si todo esto fuera poco, los que orgullosamente amamos y sufrimos la camiseta auriazul, tenemos en los últimos tiempos muchas más angustias que satisfacciones, producto de una dirigencia que ha diezmado el plantel de jugadores, que ha comprometido el patrimonio del club, que tiene que luchar en los estrados judiciales para conformar a los acreedores más impacientes, que está cuestionada por un dictamen muy duro de los peritos de la Fiscalía de Estado, que hasta tiene problemas con la EPE y las empresas telefónicas que cortan servicios por falta de pago y miramos impotentes. etc.  Si creían que trayendo a Menotti podían superar tantos errores cometidos en años, la realidad les está diciendo que la cosa no era tan sencilla como suponían.

Tomemos conciencia que Central está tocando fondo.  Hoy más que nunca se necesita sapiencia, capacidad, transparencia y visión para sobrevivir en un contexto social y económico muy complicado.  Si quienes gobiernan el club no producen un plan adecuado para salir de la crisis, de alguna manera alguien deberá producir una propuesta viable que ponga a Central en el camino de la recuperación institucional, económica y futbolística.   Acá hacen falta gestos de amor al club y de grandeza personal.  Aunque esta dirigencia (recuerden el Acta 55) no parece sintonizar esa onda.