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Cobreloa 2 - Central 3

En la copa somos más...

 

 

 

 

- 09.05.2001

En el torneo de AFA andamos mal, pero en la Copa seguimos en carrera. Ni la altura de Calama (cerca de 2.500 metros sobre el nivel del mar) ni los problemas que afectan no solamente a nuestro plantel sino a todos los jugadores profesionales que declararon una huelga en el torneo local, fueron obstáculo para la victoria canalla contra el voluntarioso Cobreloa.

Los primeros quince minutos aburrieron a todo el mundo. Central no tenía apuro, Cobreloa tenía más la pelota pero no encontraba forma de atacar con peligro y solamente algún imponderable podía cambiar la situación. Ese imponderable fue un zapatazo del turquito Abdala, que provocó un terremoto en San José de la Esquina (su pueblo natal) y significó el primer gol de la noche chilena. Desde más de 30 metros, el rubio que hizo dejar libre Jorge Pedro Marchetta tuvo su revancha personal convirtiéndole un gol al equipo de sus amores. Pero sin desearlo, Abdala provocó un vuelco fundamental al partido. En especial, a la actitud de Rosario Central.

Porque ya no se trataba de jugar tranquilo, de achicar espacios, de controlar al rival pensando que el empate a cero era negocio. Ahora había que salir a buscar la igualdad y Central lo hizo. Tanto se despertó Central que hasta vimos una doble pared (¡sí, una doble pared!) entre Pizzi y el Equi. Una jugada que Central había borrado de su libreto hace mucho. Y no fue gol porque Mele estuvo inspirado y tapó oportunamente. Como taparía tantas en lo que faltaba del partido.

El empate se olfateaba, pero tardó más de la cuenta en llegar. Es que Mele le tapó otro mano a mano a Juan. Y el propio Pizzi remataría alto desde buena posición minutos después. Y sobre el final de la etapa nuevamente el arquero argentino de Cobreloa le ahogó el grito de gol a nuestro número nueve, dando un rebote que el Equi remató muy alto.

Así se fue el primer tiempo, con Central siempre al ataque, con Cobreloa replicando poco y mal y con una sensación de injusticia en el marcador, porque las oportunidades que malogró el canalla fueron muchas.

Apenas se reanudó la lucha vino el empate. Jugada de pelota detenida. Un centro a medida que puso el Equi para que Gabriel Loeschbor se eleve como él sabe y le cruce la pelota al palo opuesto al arquero. Todo un golazo.

Y pocos minutos más tarde el delirio canalla. Otro tiro libre. Esta vez la peinó un chileno y le cayó justito a Cuberas, en el sector opuesto. Maxi estaba solito y la conectó como los dioses. Con la ayuda de Jesús, según la camiseta que llevaba debajo de la azul canalla y que mostró mientras festejaba su conquista.

Aquí vino otro vuelco en el partido. Porque los chilenos, lejos de resignarse, pusieron todo en la cancha para buscar el empate. Central, que estaba sintiendo el esfuerzo físico que agravaba la altura, se fue replegando a ojos vista. Y la pelota estaba cada vez más cerca de Tombo. Así y todo, algún contragolpe canalla pudo haber definido el partido, como cuando Pizzi estrelló otra pelota más en el cuerpo de Mele y el Equi, que acompañaba, remató alto el rebote, desde buena posición.

Cobreloa avisó cuando el recién ingresado (y talentoso) Celedón estrelló un remate en un poste, con Tombolini vencido. Y trascartón logró el empate, también en jugada de pelota detenida, con cabezazo del argentino Tagliani, aprovechando que nuestros lungos tuvieron reflejos tardíos.

Dos a dos y faltaban menos de diez minutos. Que prometían ser dramáticos. Los chilenos no frenaron el ritmo y siguieron empujando para adelante. Y por eso, porque había espacios, vino la jugada genial de Ezequiel. Pescó la pelota cerca de la línea central, se sacó un hombre de encima con lujosa media vuelta, y comenzó una apilada fenomenal hacia el área chilena, dejando a tres hombres en el camino. Cerca del punto del penal ya lo tenía medido a Miele y por eso esta vez el remate tuvo la precisión y la calidad necesaria para ser gol. Y lo fue. El tercero de Central y la anhelada victoria como visitante.

Faltaban un par de minutos en los que el equipo chileno no se entregó. Buscó, pero la defensa canalla, con más garra que orden, pudo proteger los palos de Tombolini. Incluso con un hombre menos, por la expulsión de Iván Moreno. Ya en tiempo de descuento Equi tuvo el cuarto en sus pies, pero se equivocó en la definición.

El canalla fue superior. Tuvo más y mejores oportunidades. No se desesperó cuando estuvo en desventaja y puso todo lo que hay que poner para dar vuelta el resultado. Ezequiel protagonizó tramos brillantes, que lo consagraron una vez más como un jugador distinto y superior al resto de los colegas de uno y otro equipo. Matías Lequi y Diego Erroz lucharon con la garra y la clase que últimamente los caracteriza. Pizzi buscó siempre y se perdió varios goles de pura mala suerte. Y todos corrieron hasta extenuarse, buscando la tan ansiada victoria.

Y como queremos ser intelectualmente honestos, tenemos que puntualizar que en esta ocasión hubo un arbitraje muy prolijo y correcto, nada localista (a diferencia de la mayoría de los partidos de la Copa). Quisiéramos que este tipo de arbitrajes se repita siempre, en especial en los partidos que jugamos de visitante.

Lo importante es que ganamos con justicia. Central jugó de igual a igual en un territorio difícil por la altura y sigue firme en la Libertadores. El paso que se dio en Calama fue fundamental para poder abrochar el próximo martes en el Gigante, con toda tranquilidad, el pase a los cuartos de final de la Copa. Será una fiesta. Y esperamos que los dirigentes la acompañen, poniendo un precio razonable a las entradas. Es preferible tener 40.000 hinchas pagando una entrada barata, que 15.000 con la entrada cara, como ocurrió en los últimos partidos de la Copa. Y económicamente no puede haber diferencias significativas, siempre que logremos llenar al estadio. Hasta se puede recaudar más.

 


Comentarios de:

Guillermo Fechenbach