Central
6 - Universitario 0
22.02.2001
Fue una sensación casi olvidada. Porque un triunfo por 6 a 0, como el que consiguió Central contra Universitario de Lima por la Copa Libertadores no estaba en los cálculos de los hinchas. Ni se produce con frecuencia. Pero se dio y fue totalmente justificado, según lo que se vio en el Gigante.
Es que Central fue más por su actitud desde el minuto Cero. También fue más en el despliegue físico, que mostró jugadores mucho más veloces que los visitantes, pese a la jornada de alta temperatura y molesta humedad. También fue más en el sentido futbolístico, porque apeló a la practicidad.
Los muchachos del Patón arrancaron a cien por hora. Dientes apretados, mentes concentradas, despliegue posicional cubriendo la mayor parte del terreno, un mediocampo que fue mucho más ágil que de costumbre, apelando frecuentemente al pelotazo, en busca de la velocidad del Torpedo por las puntas o de la entrada de Pizzi por el medio.
El Equi jugó como enganche pero bien arriba, cerquita del área, donde puede hacer valer al máximo su habilidad. Tan es así que hizo dos golazos y tuvo una actuación que hacía rato que no se veía en el diez canalla.
Cuando
estábamos un gol arriba, lejos de aplacar las ambiciones canallas, estimuló
a jugadores e hinchas para seguir buscando alegrías en el arco peruano. No
tardó mucho la segunda alegría. Una avivada de Maxi en un córner produjo el
segundo y el re-encuentro de los viejos tiempos de Cuberas. Grito con las
manos en alto apuntando al cielo, la hinchada coreando su nombre y la alegría
a esa altura era enorme y avanzaba aún mas con el correr de los minutos.
Iba un poco más de un cuarto de hora y Central aflojó un poco el impresionante ritmo que le había impreso al partido. Pero no perdió el control de la pelota. Y tampoco se entretuvo demasiado con ella, sino que siempre buscó para adelante, viendo que el rival estaba siendo superado en lo físico y en lo anímico. Hay que reconocerles a los peruanos, eso sí, su lealtad en el juego, porque en momento alguno jugaron con mala intención. Cometieron faltas, es cierto, pero las normales de cualquier partido.
Otra delicia del Equi eludiendo al arquero puso el tercero. Explotó el Gigante que ya estaba desbordado. Se veía venir la goleada.
El tres a cero era lapidario e irremontable. El segundo tiempo no trajo grandes cambios en cuanto a su desarrollo. Siempre era Central el que tenía la pelota y el que creaba jugadas de gol.
Sobre el cuarto de hora lo derribaron a Juan en el área, y el propio nueve
se encargó de convertir desde los once pasos.
Un par de minutos más tarde Vitamina movilizó al Torpedo por la izquierda, vino el centro que cruzó delante del arco y por el otro lado entró solito el Gallego Iván Moreno para señalar el quinto.
Locura en las tribunas, caras distendidas en nuestros jugadores, desconsuelo en los peruanos. Y faltaba un gol más. El del Pequi De Bruno de cabeza, ¡si, de cabeza! por si le faltaba algo a la noche de Arroyito. A esa altura los peruanos hasta hacían tiempo para que la odisea made in Rosario termine de una vez.
Al fin nos reencontramos con este Central de torneos Internacionales anteriores. Pudimos demoler a un rival que si bien no era el Milan, vino con su mejor poderío. Seis goles no son cosa de todos los días, un juego simple y dinámico tampoco. Lo único que se ve siempre es la gente apoyando en todo el partido, salvo algunos incidentes que hubo antes del partido.
Muchos dirán que Central tenía que ganarle a Universitario, por sus pobres antecedentes y porque había perdido contra Vélez en la primera fecha de la Copa. Es cierto. Pero hay maneras de ganar. La que eligió Central para esta noche fue la más positiva, porque salió al campo con un despliegue que no había mostrado en otros partidos. Porque fue sencillo en su realización, combinando jugadas lindas con pelotazos útiles para descolocar a una defensa lenta e insegura. Porque dejó bien claras las diferencias entre uno y otro equipo, mostrando que aspira a pasar a la segunda ronda.
El domingo viene River por el "Clausura". Es un rival distinto. Es evidente que Saviola no es Gorostidi y el Burrito no es Gustavo Grondona. Y así se pueden comparar los once de los peruanos con los once de los gallinas. Pero Central está con otro ánimo, mostró que tiene argumentos variados para llegar al gol y que su defensa también está un poco más ordenada. Queremos que nuestros muchachos vuelvan a ponerse todas las pilas, que no piensen que River es superior, que se convenzan que en la cancha son once contra once, y que si se juega de igual a igual el resultado puede ser favorable. Si el equipo se mueve con la convicción que puso contra los peruanos, el domingo será aplaudido, no importa el marcador final.
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