| Síntesis | |
| Rosario Central | Vasco da Gama |
|
1*
|
0*
|
| Tombolini | Helton |
| Marra | Clebson |
| Díaz | Odman |
| Gerbaudo | Walkmar |
| Lequi | Paulo Miranda |
| Vespa | Jorginho P. |
| H. Gonzalez | Jorginho |
| Becerra | Juninho |
| Sanchez | Romario |
| E. Gonzalez | Juninho P. |
| Maceratesi | Pedrinho |
| DTs | |
| Edgardo Bauza | O. de Oliveira |
| Estadio | |
| Gigante de Arroyito | |
| Árbitro | |
| Carlos Torres (PAR) | |
| Cambios | |
|
24' Cáceres x Sánchez |
90' Henrique x Jorginho |
|
73' De Bruno x Marra |
91' Viola x Pedrinho |
| 85' Loeschbor x Becerra | |
| Incidencias | |
|
Amonestados: Vasco: Odvan y Jorginho Central: Díaz, Lequi, Vespa, H. González, Maceratesi, Becerra. Expulsados: No Hubo
|
|
| Goles | |
|
93' Díaz |
|
RECAUDACION:
$322.456
* DEFINICION POR PENALES
RC: Vespa (E), Maceratesi, E. González, Díaz y Cáceres
VG: Romario, Jorginho Paulista, Viola, Juninho Paulista, Juninho.
AGREGADO FINAL:
RC: 5
VG: 6
Derrota
por penales
- 09.11.2000
Las lágrimas de Líber Vespa fueron todo un símbolo del dolor sufrido por nuestros jugadores, que derrotaron por 1 a 0 al Vasco Da Gama, pero resignaron la posibilidad de pasar a las semifinales de la Mercosur porque el arquero carioca le detuvo el remate al aguerrido volante oriental en la definición por penales. Es que nuestro equipo se brindó generosamente buscando una victoria más amplia (necesitábamos dos goles de diferencia) pero ese tremendo esfuerzo no tuvo el correlato de un fútbol fluido, sino más bien de un despliegue sanguíneo y generoso que no alcanzó para poder dejar en el camino a un equipo brasileño muy ordenado, muy seguro de sí mismo y muy inteligente para jugar de contragolpe.
El espectáculo que vimos en el Gigante no fue de calidad, pero sí emotivo. Central, con un solo delantero en la cancha (el Rafa) y Ezequiel tratando de cumplir funciones de punta, que evidentemente no siente, siempre tuvo actitud ofensiva. Pero, como tantas veces ocurrió en esta temporada, las intenciones fueron más que las ideas. Las ganas no se tradujeron en juego colectivo. El talento fue postergado por dos defectos fundamentales: uno, la lentitud y el individualismo por parte de quienes tienen la capacidad y la misión de gestar las jugadas de ataque, el otro la repetida intención de jugar por el medio. Ambos defectos facilitaron la tarea defensiva de los visitantes, que se mostraron prolijos y atentos, defendiendo en bloque y marcando a presión. Central tuvo más la pelota, provocó muchos corners, tuvo mucha ambición, pero Vasco da Gama vino a cumplir un plan y poco faltó para que lograse la clasificación sin necesidad de los penales, porque el único gol del partido lo marcó el Cata Díaz cuando ya se jugaba tiempo de descuento y el partido se moría inexorablemente. Fue el último tiro de esquina y el único donde uno de los nuestros logró cabecear limpiamente hacia el arco. La defensa del Vasco, sin duda, estuvo mucho más despierta que la de Boca tres días antes.
Durante el partido se sucedieron varias situaciones de gol frente a los dos arcos. Más en el segundo tiempo que en el primero. Tuvieron situaciones en la primera parte el Rafa empalmando de volea un centro de Vitamina, Becerra pateando desde fuera del área apenas desviado y Topadora Cáceres (que en el primer tiempo suplantó a Vitamina por lesión y por eso mejoró ofensivamente Central) a quien le tocaron la pelota cuando se aprestaba a definir a pocos metros del arco. Ellos también tuvieron sus chances, la más clara una donde Romario quedó mano a mano con Tombolini y la pateó afuera cuando parecía imposible errar el gol.
La segunda parte tuvo características similares, pero mucho más emoción. Tal vez porque algunas marcas de los brasileros se aflojaron un poco por el cansancio, tal vez porque Central cada vez empujaba más. Y en el otro sector, los contragolpes del Vasco fueron más y mejores, jugando a ras de piso y al toque, con tres o cuatro jugadores en la gestación de los contragolpes, sorprendiendo en inferioridad numérica a los pocos canallas que no se sumaban al ataque. Central fue puro nervio y garra. El Vasco fue cerebral y práctico. La voluntad se estrelló contra la estrategia, hasta que en el último minuto tanto tesón tuvo el premio del gol. Los penales, después, nos dejarían sin premio, pero los jugadores se retiraron con la conciencia tranquila porque el aplauso de las tribunas fue intenso y merecido. La hinchada saludó jubilosamente, porque el equipo quiso. Porque puso huevos. Aún equivocándose en la forma de atacar, transpiraron las camisetas hasta la última gota. Y eso vale. Siempre hay tiempo para mejorar en el juego colectivo y esa es la tarea que tienen que emprender diariamente los cuerpos técnicos.
El año 2000, futbolísticamente hablando, todavía no está del todo terminado, porque falta el clásico. Hasta ahora, lo mejor que nos ha dejado es la confirmación de que tenemos algunos pibes con mucho futuro. Esto a causa de lesiones que marginaron sucesivamente a hombres de experiencia como Cuberas, Chalres Pérez, Canals, Hugo González, Daniel Quinteros, Loeschbor, etc.. Ya los hemos ido señalando en los distintos comentarios de partidos anteriores. Nos estamos refiriendo concretamente a Daniel Díaz (un Carbonari en potencia), a Matías Lequi, a Luciano De Bruno, a Javier Becerra. Son jóvenes con muy pocos partidos en primera, que no se achicaron en los partidos internacionales y que nos inspiran confianza para el futuro. Los entrenadores avezados dicen que para afirmar que un jugador es de categoría recién debe tener cuarenta o cincuenta partidos en las competencias profesionales, de modo que los próximos meses revelarán hasta dónde pueden llegar futbolísticamente estos buenos pichones del semillero canalla.
En cuanto al 2001, es necesario plantearse la necesidad de retomar un estilo más dinámico y sorpresivo. Pensemos que muy posiblemente se vayan Ezequiel González y Rafael Maceratesi. Tenemos que apostar a algo más que las jugadas con pelota detenida que nos han salvado en los últimos partidos. Tenemos que encontrar variantes con pelota al piso y en velocidad. Los jugadores canallas rara vez tiran una pared, porque rara vez tienen compañía cercana para intentarlo. Se alterna entre el pelotazo y la gambeta. En muchos partidos (también en este contra el Vasco Da Gama) los desbordes por los laterales fueron muy pocos y casi siempre por la izquierda. Tenemos una base de jugadores jóvenes y entusiastas. Nos está faltando, dentro de la cancha, el hombre que marque los cambios de ritmo. Que sepa cuando conviene la pausa, cuando conviene la explosión, cuando jugar por afuera y cuando intentar por adentro. Apostar únicamente a que los defensores aguanten y frecuentamente también resuelvan arriba, no nos va a dar el poderío suficiente para disputar con aspiraciones la próxima Copa Libertadores de América.
Perdimos la ilusión de la Mercosur. Pero no perdimos la fe en el futuro. Si se hacen las cosas bien, Central podrá volar alto en el 2001.