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Este torneo loco le ofrecía a Gimnasia un plus en su obligatoriamente motivadora empresa por evitar el descenso: si el Lobo le ganaba en casa a Central, quedaba tercero en el Clausura. Sin embargo, la noche se cerró con un 1-1 con gusto a poco. El tema es que tampoco saboreó demasiado el punto Central. Sí, sirve para estirar el ciclo de Cuffaro Russo (¿por mucho tiempo?), pero poquito para engordar el promedio de un equipo que pelea por quedarse en la A y lleva ocho fechas del torneo sin ganar. Así, en un partido que fue una guerra de nervios, fricción, patadas (y un atentado al fútbol), el ganador no estuvo en el Bosque. Sí, se frota las manos Racing tras este empate que potenció su triunfo contra Boca.
Gimnasia arrancó mejor, con ese envión, más anímico que futbolístico, de una serie invicta de cuatro partidos hasta el de esta noche. Bien Castro en la salida, activo y prolijo Aued en el manejo. El plan fue orden y la intención de que la pelota le llegara con la mayor frecuencia y limpieza posible a la dupla Pérez-Stracqualursi, que venían afilados en eso de complicarles la vida a las defensas rivales. Para colmo, lo favoreció encontrarse con el gol de carambola: Aued remató con más destino de centro que de disparo al arco pero Valentini la mandó adentro de su propio arco.
Quizá fue ese cabezazo del grandote Denis (al toque de gol, que bien podría haber sido el 2-0) el que le dio a Gimnasia la sensación de que podía definirlo en cualquier momento. Y olvidándose de que el plan de replegarse para jugarles pelotas largas a los puntas ya le había fallado contra River (empate millonario en la última jugada) repitió el pecado. El clima de final se le subió a la cabeza a Maldonado, que salió a cortar abajo e innecesariamente violento a Zelaya regalándole a Central su única aproximación seria del partido: un tiro libre en la puerta del área. Tras el toque, Núñez sacó el misil y, repartiendo algo de justicia, el mismo azar que había favorecido al Lobo en su gol, le coqueteó al Canalla para que la bola pegara en la barrera descolocando a Bangardino (reemplazó a Sessa en el entretiempo). Eso agrandó a Central y enloqueció al Lobo. Cocca mandó a Messera y a Casas, pero no hubo fútbol por abajo sino bochazos que agrandaron a Galíndez y la defensa visitante, donde se hizo clave el laburo del chico García. Con el paso de los minutos, el temor de perderlo de ambos pudo más. Y se cerró así, como sucede en la guerra: sin ganadores.
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