El sitio oficial del hincha
Ante todo quiero aclarar que cuando digo rompan todo, no estoy diciendo que hay que romper el club, o el estadio, o la confitería, o los vestuarios, o tantas otras cosas que podrían romperse en un arrebato de ira. Aclaro esto porque siempre hay algún “malentendedor” intencional o no intencional que puede tergiversarlo todo.
“Rompan todo” es lo que me surge después de lo que vivimos el sábado. Es una expresión que emerge de lo trágico y calamitoso que se nos presenta hoy en día nuestra realidad como hinchas de Rosario Central. Es una apelación a una reacción como a la que apeló Billy Bond cuando se encontró junto con su banda y su público en un recital que comenzaba a ser reprimido por la policía de la dictadura; porque creo que nos podemos identificar con eso. Nos reprimen. Sin lugar a dudas podemos decir que nos están reprimiendo. No se puede llamar de otra manera a esto, que comenzó siendo una gran amargura para convertirse en la peor pesadilla de nuestra historia.
Nos han quitado ya, hasta ese derecho, que al menos antes teníamos, de ser derrotados. Porque ahora ya no es una derrota, que no me vengan con que es el primer partido del campeonato, que recién empieza, que es un equipo nuevo, las pelotas. Esto no empezó el sábado, esto empezó el día que descendimos. Esto empezó la mañana del día siguiente de perder la promoción contra All Boys; cuando nos levantamos, tal vez preguntándonos si era cierto, si era verdad lo que estábamos viviendo. Esto no termina desde ese nefasto día, y a esta altura parecería que no termina más. Por eso, que no me vengan con una derrota. No querido, derrota es eso que escribió el negro en su magistral Defensa de la derrota, que como él dice: tiene algo hasta de poético. Esto ya no es una derrota. Esto se va pareciendo cada vez más a una tortura. Y lo peor es que no tiene por qué carajo ser así.
Por eso rompan todo, rompan todo muchachos, no queda otra. ¿Qué hay que hacer? ¿Seguir aguantando? ¿Cuánto más vamos a aguantar? Ya alentamos hasta más no poder, ya silbamos, ya puteamos, ya compramos, ya pagamos, ya pagamos de nuevo y seguimos pagando. No entiendo si soy yo solo el que lo veo así. No creo ser el único que ve las cosas de esta manera. Tal vez estoy equivocado. Pero la gente que hoy maneja el club no nos quiere. Si hay algo que parecen demostrar, verdaderamente, es que no quieren nuestro club en lo más mínimo. Que se quieren infinitamente más a ellos mismos que a cualquier otra cosa. Si no, no se explica. Porque si no ya hay que pensar que esta todo programado, que este presente es adrede. Que lo único que hacen es pintar un poquito las paredes del frente para que no se den cuenta que adentro se están llevando hasta los picaportes.
Estamos en el peor momento de la historia de Rosario Central. Y lo único que hizo este grupo de dirigentes es tirarnos barro. Si estábamos caídos, ellos nos patearon la cabeza. Si tocamos fondo, ellos llegaron con una pala y empezaron a cavar. Porque no nos vengan a decir que esta situación la heredaron. Mentira. Ellos heredaron una situación muy jodida, pero ya la habíamos vivido. Central ya se había ido a la b, lo que nunca había hecho es quedarse. Y ellos nos hicieron quedarnos. El primer año no estuvimos ni cerca de subir, como para que ni nos animemos a ilusionarnos. El segundo año se parece mucho más a una tomada de pelo, porque que dos equipos del Argentino “A” te saquen el ascenso huele raro. No sé, capaz que es lisa y llanamente inutilidad, pero mientras tanto, los hinchas nos tenemos que comer los rumores de que hubo internas en el plantel, que la guita de la copa argentina, que el técnico, que algunos jugadores. Eso con una dirigencia seria no pasa, discúlpenme que se los diga.
El repaso del “futbol + gestión” es calamitoso. Sinceramente. Trajeron entre cuarenta y cincuenta refuerzos y sinceramente, los pocos que realmente estaban (o siguen estando) capacitados para ponerse la camiseta azul y amarilla serán menos de diez. Estamos hablando de un porcentaje de acierto que tal vez es menor al de 1 de cada cinco jugadores. Eso es una burla. Si para traer un jugador bueno tenés que probar con más de cinco distintos tenés que dedicarte a otra cosa irremediablemente. Porque eso significan millones de pesos nuestros perdidos, tirados a la basura. Porque eso es lo que nos dejan, me gustaría (y al mismo tiempo me espanta de solo pensarlo) saber cuál es el número al que ha llegado la deuda del club actualmente. Cuando empezaron eran ochenta millones. Hay algo que me indica que las cuentas evidentemente no están bien. Somos el club más caro del país. Si nuestra plata se reflejara directamente en desempeño futbolístico tendríamos que estar peleando la libertadores como hace boca. Que lejos que estamos: nos gana Sarmiento de Junín en el Gigante.
Entonces no entiendo nada. ¿Qué estamos haciendo? Estamos en esa situación en la que nos miramos unos a otros y no tenemos ni la más puta idea de lo que podemos hacer. Parecemos aquellos militantes de la izquierda chilena, que cuando Pinochet bombardeaba la Moneda, salían a la calle, se miraban los unos a los otros y no sabían qué hacer. Por eso tengo la impresión de que falta organización muchachos. No nos pueden pasar estas cosas y que nosotros no tengamos la más mínima capacidad de reacción. Porque insultar a los jugadores que están jugando hoy es errarle al piso, me parece a mí. ¿Qué culpa tienen Gagliardi, Lagos, Freitas e incluso, con todo lo discutible que puede ser, Bracamonte? Esto sobrepasa a este plantel o a cualquier otro. Hay que empezar a darnos cuenta de que la presión hay que hacérsela sentir a quienes se creen dueños de lo que es nuestro.
No sé si el hecho de que falte organización significa que hay que armar un movimiento que saque a esta dirigencia del club. Tal vez eso empeoraría las cosas, pero no puede pasarnos que nos pongan el precio más caro del país para ir a una platea; que ahora parezca que van a aumentar la cuota (ojalá así no sea) y que nosotros no hagamos NADA. Seguramente hay que respetar el Estatuto. Sin lugar a dudas, pero primero lo tienen que respetar ellos. ¿Cuánto tiempo pasó ya desde que anunciaron que iban a proponer una reforma estatutaria? Hasta ahora no se movió ni una coma. ¿Qué tipo de asambleas disfrutamos como socios si las llaman cuando se les da la gana, las aprueban a los apurones, cuentan con la infaltable presencia de integrantes de la barra brava entreguista y apagan la luz antes de que se valla la gente?
Para terminar les quiero decir que ya no sé qué pensar a esta altura. Tal vez sea yo el que esté equivocado, repito, pero si estamos así, no podemos estar en el buen camino. Lo único que realmente me da miedo, es la costumbre. Que nos acostumbremos a esto. Que sigamos año tras año resignándonos, contentándonos, y que tal vez en algún momento terminemos ascendiendo; pero que para ese día ya hayamos resignado nuestro inefable destino de grandeza (ese “Destinum Mágnum” que tan admirablemente supo interpretar el Gran Lama hace ya tantos años). Que nos contentemos con tener una historia que contar, y abandonemos esa inigualable mitología que marcó a fuego nuestra vida, como sacó a relucir el negro en su “Historia con Rosario Central”. Lo único que sé, es que a esta altura, y siempre, eso va a seguir dependiendo de nosotros, y de nadie más..
Normas de uso